Lunes, 12 de octubre de 2009
La semana pasada los medios oficiales cubanos informaron que el sector de vivienda en la isla tuvo pérdidas por 47,2 millones de dólares entre abril de 2008 y marzo de 2009. ¿La razón? Por supuesto, el embargo comercial y financiero impuesto por Estados Unidos desde hace casi medio siglo.
Según la agencia estatal Prensa Latina, las “pérdidas [causadas por el embargo] incidieron de manera negativa en los propósitos de cumplir los programas de fabricación de casas previstos y lograr la recuperación de los daños provocados por el azote de tres huracanes en 2008.”
Hay tanto que decir sobre este papel de víctima que asume la dictadura cubana para traspasar a otro país la culpa de buena parte de los problemas económicos de la isla que uno no sabe por donde comenzar. Siempre he pensado que uno de los argumentos poderosos para levantar el embargo es debilitar el manipulador e irracional discurso antiestadounidense de la dictadura, pero leyendo esto es difícil no convencerse de que, si el embargo no existiese, los Castro lo hubiesen inventado. Es decir: Fidel y Raúl siempre van a encontrar excusas para no aceptar la responsabilidad por el colosal fracaso que ha sido la revolución.
Lo más triste, sin embargo, es que este pretexto del embargo revela la naturaleza profundamente autoritaria del régimen. Es difícil imaginar a un presidente que lleva muchos años en el poder utilizando la carta del embargo en una campaña electoral para reelegirse. Con toda seguridad, el candidato opositor le diría que, después de casi cinco décadas de embargo, se esté o no de acuerdo con él, el gobierno es responsable de buscar alternativas para solucionar los graves problemas económicos de la isla. Le diría que es absurdo satanizar el sistema capitalista y al mismo tiempo lamentar el hecho de que los cubanos no puedan aprovecharse de la inmensa demanda y oferta de servicios y productos que este sistema supuestamente egoísta y amoral ha creado en Estados Unidos.
Le diría, también, que si tanto afecta el embargo a la isla, quizá debería haber buscado ya un compromiso con los gringos. Después de todo, la demanda del imperio es razonable. Lo único que exige es que en Cuba el pueblo tenga derecho a decidir si quieren o no un cambio de gobierno. Por más injusto, hipócrita y discriminatorio que sea el embargo, ¿cuesta demasiado ceder en este punto?
Texto relacionado del autor:
La economía peruana ha sido una de las más resistentes desde que comenzó la crisis económica mundial. El Fondo Monetario Internacional estima que, pese la ligera contracción del PIB en el segundo cuarto (la primera contracción desde 2001), la economía crecerá en 2009. El Banco Interamericano de Desarrollo calcula que el crecimiento de la economía peruana este año será aproximadamente 4 por ciento mayor al crecimiento promedio del resto del mundo y 2,5 por ciento mayor al crecimiento promedio de los otros países de América Latina. Desde 2001, la economía peruana ha crecido a una media del 7 por ciento anual, con un pico de 9,84 por ciento en 2008 (superior al de China ese mismo año).
Días después de las elecciones regionales de 2008, frente a la derrota de candidatos chavistas para la gobernación de Miranda y la alcaldía Sucre, el gobierno despojó a la Policía de Miranda de trescientas armas, limitando la capacidad de acción del cuerpo de seguridad de uno de los estados más violentos de América Latina. También despojó a la alcaldía de Sucre de dieciséis camiones de recolección de basura, y, peor aún, jubiló intempestivamente a seiscientos docentes de este municipio, vaciando de profesores las escuelas porque no se dejaron sustitutos para estos puestos.
Antes de leer Rayuela de Julio Cortázar recuerdo haber hecho dos o tres intentos fallidos de leer la novela. Por alguna razón este clásico que ahora me parece tan accesible no lograba atraparme como entonces atrapaba a tantos jóvenes de mi edad. Luego, un frío domingo en Boston (donde entonces estudiaba con muchos músicos que idolatraban a Charlie Parker como a un Dios), leí de una sola sentada El perseguidor en una viejísima edición de Las armas secretas. Y, después de leer este famoso cuento, pude por fin entrarle a Rayuela y disfrutar la novela como pocos otros clásicos del boom latinoamericano. He releído varias veces El perseguidor y, con la excepción del magistral episodio de Berthe Trépat en Rayuela, no creo haber disfrutado tanto ningún otro cuento, extracto o capítulo en la obra entera de Cortázar.
Ya en el pasado había dado señales de ser un hombre torpe, intolerante, intempestivo y sobre todo bruto, pero con las últimas medidas ya uno no encuentra adjetivos con qué describir a Roberto Micheletti.