Imaginación y empatía

Miércoles, 1 de septiembre de 2010

Virginia Woolf

En unos de sus diarios la gran novelista Virginia Woolf apuntó: “The reason why it is easy to kill another person must be that one’s imagination is too sluggish to conceive what his life means to him.”

La razón por la cual es fácil matar a otra persona debe ser que la imaginación de uno es demasiado perezosa como para concebir lo que la vida de la víctima significa para él.

Desde que la leí, esta incisiva equivalencia de Woolf entre la empatía y la imaginación se quedó incrustrada en mi memoria.

Aunque yo quizá añadiría algo a la frase. Diría “lo que su vida significa para él, su familia, sus amigos y la sociedad en general.” Porque matar afecta no sólo a la víctima, sino también a sus familia, amigos y seres queridos.

Leyendo la noticia de la muerte de Franklin Brito (y la vergonzosa reacción del gobierno a la muerte), y escuchando la orden de Chávez de negarle recursos al Hospital Pérez de León por estar en un municipio gobernado por un alcalde “escuálido,” recordé la frase de Woolf.

No estoy diciendo que Chávez mandó a matar a Brito, ni tampoco que su decisión de no dar recursos al Pérez de León (decisión de la que luego se retractó a medias -porque se dio cuenta que ya estaba en manos de la administración central) es comparable a mandar a cientos de personas al paredón de fusilamiento.

No voy a llegar a ese extremo.

Simplemente estoy diciendo que la incapacidad de Chávez de medir las consecuencias de sus acciones o inacciones; la pereza mental que lo hace decir sin el menor empacho cosas como la que dijo sobre los recursos del Pérez de León; la falta de imaginación -combinada con la lógica polarizadora- que casi anula por completo su capacidad de empatía -todo esto, junto, es una señal más del increíble potencial de maldad de Hugo Chávez.

A este hombre hay que pararlo. Por eso a votar el 26 de septiembre.

Próximamente:

  • ¿Cuál es el mejor libro sobre Chávez?

Exhumación y veneración

Lunes, 30 de agosto de 2010

El 16 de julio, poco después de la medianoche, Hugo Chávez presidió un acto entre surreal y grotesco: la exhumación de los restos de Simón Bolívar. Marchando al compás del himno nacional, y vistiendo trajes como los de los astronautas (con guantes y gorros de baño), un grupo de soldados, especialistas forenses y altos funcionarios de gobierno entraron a un cuarto forrado de banderas nacionales y abrieron cuidadosamente el sarcófago. Desde arriba las camáras de televisión -que filmaron toda la ceremonia- enfocaron el esqueleto de Bolívar. En la filmación el presidente no se ve, pero estaba presente. Abrumado, narró por Twitter su emoción al ver los resto de su máximo héroe. “Cristo mío, Cristo nuestro,” apuntó. “Cuánto quise que llegaras y ordenaras como a Lázaro: levántate Bolívar, que no es tiempo de morir.”

Aunque nadie se esperaba esta escabrosa ceremonia –que parece una escena de la genial novela de Tomás Eloy Martínez, Santa Evita– los planes de la exhumación sí se conocían. Desde hacía ya tiempo el presidente había ordenado abrir una investigación para determinar las razones de la muerte de Bolívar en 1830. Hasta ahora el consenso entre los historiadores ha sido que el Libertador murió de tuberculosis, pero a Chávez no lo convence esta explicación. El presidente abriga la sospecha de que Bolívar murió envenenado. ¿Por quién? Una comisión que designó y investiga el caso piensa que una vieja carta de Bolívar sugiere que el Libertador fue traicionado por la aristocracia colombiana. Y, utilizando códigos masónicos para descifrar la carta, también asoma la posibilidad de que la conspiración podría ser más amplia, abarcando al entonces rey de España y al entonces presidente de Estados Unidos, Andrew Jackson.

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Pide amor, Amorim

Viernes, 27 de agosto de 2010

Respondiendo a las críticas por la indiferencia y el silencio de la diplomacia brasileña ante países acusados de violar los derechos humanos (Irán, Cuba, Venezuela), el canciller de Brasil, Celso Amorim, señaló hace poco en una columna que las denuncias a los países que violan los derechos humanos pueden merecer “aplausos,” pero “raramente salvan” vidas.

“Preferimos dar ejemplo y, al mismo tiempo, actuar por la vía del diálogo franco, en general, más eficaz. En el caso de Brasil, esa capacidad de actuar con discreción no es oriunda de algún talento excepcional. Es la expresión en nuestras relaciones con otros Estados soberanos, de nuestra naturaleza conciliadora.”

También apuntó que “las reprimendas o condenaciones públicas a otros Estados no son el mejor camino para obtener ese resultado. La verdad, escoger la intimidación en detrimento de la persuasión es casi siempre ineficaz, cuando no es también contraproducente.”

Está bien, canciller. Aceptamos su argumento. Lo que no entendemos es porqué Brasil aplica esa diplomacia discreta y conciliadora en los casos de Irán, Cuba y Venezuela, pero no en los casos de Honduras, Estados Unidos e Israel.

¿No me cree?

Véalo usted mismo.

Durante toda la historia

Jueves, 26 de agosto de 2010

Héctor Navarro

El fin de semana, durante un simulacro de votación, seguidores (¿o empleados?) del oficialismo arremetieron verbalmente contra un grupo opositor, encabezado por María Corina Machado. Una multitud de camisas rojas gritaba “¡fuera!” y “¡vendepatria!” a Machado y los otros dirigentes que la acompañaron.

Justificando el comportamiento de esta muchedumbre, el ex ministro de Educación, y ahora candidato a la Asamblea Nacional, Héctor Navarro, dijo que el pueblo enardeció porque Machado se coleó. Consideró que la actuación de los oficialistas es muestra de que la gente rechaza la propuesta de la “derecha fascista.” (¿No hubiese sido mejor, en este caso específico, evitar la descarada adjetivación de “derecha”?).

En fin, lo que más me llamó la atención del incidente fue un comentario que Navarro hizo en televisión. Hablando sobre el incidente, y refiriéndose a María Corina, el ex ministro de Educación dijo “no es posible que la gente que se ha considerado dueña de nuestro país durante toda la historia ahora además pretenda que se van a colear en una cola.”

Interesante comentario, el de Navarro. Interesante, pero también común. Ya más de una vez he escuchado a Chávez decir cosas similares.

¿Qué quiere decir ese “gente que se ha considerado dueña de nuestro país durante toda la historia”?

Unas declaraciones de Chávez en 2006 ayudan a comprender mejor esta declaración. Hablando de las políticas de Israel, el presidente hizo unos comentarios relacionando a los judíos como los “asesinos de Cristo” y como aquellos que “concentran las riquezas.”

Es decir, durante toda la historia los judíos han sido malos y avaros. Asumir el judaismo es a la vez convertirse en culpable de los supuestos defectos y crímenes de otros judíos (así hayan muerto hace más de dos mil años) y una garantía de que van a caer en el supuesto mal comportamiento de sus antecesores.

María Corina no es judía, pero, en la mente de Navarro, seguramente pertenece a otra categoría que el liderazgo chavista ha reducido, simplificado y tergiversado hasta convertir en algo imaginario y totalmente arbitrario: el oligarca.

Próximamente:

  • Artículo sobre cómo se debe interpretar la exhumación de los restos de Simón Bolívar.

Cerebrito Cabral y Díaz Rangel

Martes, 23 de agosto de 2010

Eleazar Díaz Rangel

En La fiesta del chivo, la novela maestra de Vargas Llosa sobre la brutal dictadura de Trujillo, el senador Agustín “Cerebrito” Cabral cae en desgracia con el régimen sin saber el porqué. Obviamente por orden de Trujillo, comienzan a vilipendiarlo en los medios, a sacarlo de comisiones en el Congreso, a quitarle privilegios, etc.

Trujillo hace esto sin razón, sólo porque de vez en cuando le gusta “darles un baño de realidad” a sus colaboradores. Bajarles los humos. Recordarles que sin él no son nada. Que a él le deben su existencia.

En el Capítulo XIII, Cabral, hablando consigo mismo, dice lo siguiente:

Trujillo era magnánimo, cierto. Podía ser cruel cuando el país se lo exigía. Pero, también, generoso, magnífico como ese Petronio de Quo Vadis? al que siempre citaba. En cualquier momento, lo llamaría a Palacio Nacional o a las Estancia Radhames. Tendrían una explicación teatral, de esas que al Jefe le gustaban. Todo se aclararía. Le diría que, para él, Trujillo no sólo había sido el Jefe, el estadista, el fundador de la República, sino un modelo humano, un padre. La pesadilla habría terminado. Su vida anterior se reactualizaría, como por arte de magia.

No hay que subestimar lo extremos de sinrazón a los cuales la gente está dispuesta a llegar para justificar su posición.

Esta frase no se debe olvidar cuando uno analiza a la gente que rodea a líderes autoritarios. La lógica es muy simple: a poca gente le gusta autodefinirse como cobarde y sumiso. Por eso Agustín Cabral justifica la crueldad de Trujillo (diciendo que a veces la situación del país lo exige), y por eso disminuye los defectos del dictador e infla sus virtudes. Esto le permite camuflar su cobardía y sumisión -ante los demás y ante él mismo.

Hace ya un tiempo Hugo Chávez criticó publicamente al editor del diario pro-gobierno Últimas Noticias, Eleazar Díaz Rangel, por un titular que decía “Salud en coma por falta de real.” Por cincuenta minutos Chávez arremetió en televisión contra Díaz Rangel y los dueños del diario por el titular, llamándolos amarillistas, defensores de los intereses de la oligarquía, etc.

Cuestionado sobre el incidente por PBS, Díaz Rangel, defendiendo a Chávez, dijo lo siguiente: “En general a la gente no le gusta la crítica. Es una conducto humana natural. Y como él [Chávez] tiene todo un mundo de crítica en los medios de comunicación, la oposición, etc, seguramente cuando recibe críticas de su lado, así no sea con mala intención, reacciona como si lo dijera la oposición.” (Ver video).

La explicación es patética. El problema no es que Chávez divide al país en dos bandos y todo el que lo critica, así sea de su mismo bando, es automáticamente acusado de estar alineado con los intereses del imperio y la oligarquía. No, esa no es la explicación. Para Díaz Rangel la explicación es que, en el caso de la oposición, las críticas de Chávez siempre son ciertas. Ellos de verdad defienden los intereses del imperio y la oligarquía. Pero, como recibe tantas críticas, Chávez a veces se confunde y atribuye a los chavistas que le hacen críticas de buena fe los defectos de la oposición. (La sonrisita sumisa de Díaz Rangel parece decirnos que este comportamiento es comprensible, humano, quizá hasta justificado).

No sé a ustedes, pero a mi esta explicación me hace recordar a Cerebrito Cabral.