Juego de percepciones

Martes, 20 de julio de 2010

Es ya de conocimiento público que Álvaro Uribe no consultó con el presidente electo, Juan Manuel Santos, la decisión de presentar pruebas contundentes ante los medios de la presencia de las FARC en Venezuela pocos antes de entregar el poder.

Y, previsiblemente, esta decisión ha generado críticas. Muchos dicen, no sin razón, que con esta movida el presidente saliente le complicó a Santos la tarea de amainar las tensiones con Venezuela, prerequisito indispensable para reanudar las relaciones comerciales.

Pero ¿salió de verdad Santos perjudicado?

Yo creo más bien lo contrario. La movida de Uribe benefició a Santos.

En primer lugar, no hay que sobrestimar los avances que había hecho Santos con Venezuela como presidente electo. Chávez quizá habló de asistir a la toma de posesión, y de la posibilidad de reestablecer el comercio con Colombia, pero quien esté más o menos informado sobre la extrema volatilidad que ha caracterizado la política de Chávez hacia Colombia sabe muy bien que ni Santos ni la nueva canciller, independientemente de sus habilidades diplomáticas, son capaces de asegurar estabilidad en la relación bilateral. En este sentido Uribe tiene razón: se equivocan los que atribuyen a su actitud “guerrerista y conflictiva” el deterioro de las relaciones. El principal problema siempre ha sido Chávez.

En segundo lugar, con esta movida Uribe mejoró, sin querer, la imagen de Santos. Arrimó al presidente electo hacia el centro, mucho más cerca de esa “tercera vía” de Giddens y Blair con la que Santos siempre se ha sentido identificado. De ser visto por muchos -sobre todo en el plano internacional- como un adalid del uribismo más radical, Santos es visto ahora como un versión más moderada y conciliatoria de Uribe, incluso -vueltas que da la vida- por el presidente Chávez.

Justa o injustamente, la imagen de Santos se ha desprovisto un poco de los excesos del uribismo sin sacrificar las cosas buenas.

Discurso como humor

Viernes, 16 de julio de 2010

Ayer, escuchando con atención una cadena de Chávez durante más de una hora, tomé algunas notas. Perdonen la redacción apurada:

Mientras habla, Chávez está ensimismado, bajo el hechizo de sus propias palabras. Está sumido en el momento, en parte –y en ésto no creo equivocarme– creyéndose lo que dice. Su discurso no sigue un cauce racional, sino se deja jalonar por las emociones. Su discurso no parece tener un centro, unos claros parámetros que lo regulen, que le impongan límites, reglas objetivas, para así evadir contradicciones, desplantes, excesos. Al contrario: verlo hablar es presenciar un triunfo parcial de las emociones sobre el intelecto. Sus opiniones no son de verdad opiniones sino algo mucho menos fijo y más volátil, que está más cerca de los apetitos o los estados de humor. Por eso puede sonar genuino, como suenan genuinos los comentarios irracionales de un hombre que sucumbe, de pronto, a un ataque de rabia o de tristeza. Por eso sus palabras gozan de cierta legitimidad emocional, una virtud poderosa para seducir o convencer. Por supuesto, a veces se puede detectar claramente la intención manipuladora, la mentira consciente. Pero escuchándolo es difícil establecer claras delimitaciones entre la manipulación, la convicción, la honestidad, el delirio, la ignorancia, la mentira.

Un ejemplo.

Como media hora después de comenzar la cadena, Chávez comienza a regañar a los venezolanos por consumir cerveza. Habla sobre cómo los ricos buscan manipular a los pobres vendiéndole cervezas en vez de helados, frutas, etc. “¿Por qué el presidente de Polar no vende helados en los barrios? ¿Por qué eso no le da tanto dinero?”

Luego dice (todas mis citas son de memoria): “A los pobres los han acostumbrado a beber, a fumar, para que los oligarcas puedan enriquecerse. Uno va a los barrios y uno no ve cines, uno no ve teatros, uno no ve heladeros.”

De pronto, Chávez reacciona. Uno nota claramente cómo le pasa una nube por la cabeza, saboteándole su idea. Chávez recuerda que él lleva ya once años en el poder y que, si no hay cines en los barrios, la culpa es también suya. Entonces retrocede. Dice: “Claro, ya se ha avanzado mucho. Se ha hecho un esfuerzo grande en estos últimos años por construir canchas deportivas, alejar a los pobre de las drogas con actividades culturales, etc…”

El momento es revelador. La razón impidió que Chávez se desbarrancara en el terreno de lo absurdo. Pero esto no siempre pasa, porque en Chávez los pilares de la razón, esos que se encargan de regular las corrientes de las emociones, son increíblemente débiles. Muy fácilmente, Chávez ha podido desbarrancarse. Muy fácilmente, Chávez ha podido seguir hablando de las carencias de los barrios, cegado por la emoción del momento.

Más sobre este tema:

Anderson Revisited

Jueves, 15 de julio de 2010

Francisco Chávez Abarca

Después del caso de Danilo Anderson, hay que ser crédulo para no ver con sumo escepticismo el caso de Francisco Chávez Abarca.

Sólo basta ver el reportaje de VTV, con su trama infantil, sus incongruencias y su reparto de malos actores, para detectar que todo esto, muy probablemente, es una olla como la que le montaron a Maraco (ver El caso de Maraco).

La actuación de Chávez Abarca es risible, como de una película de Ed Wood, sobre todo cuando mira fijamente la cámara del aeropuerto (¡y la cámara lo enfoca!) y cuando choca cinco con el agente que lo interroga. (¿Por qué diablos esa camaradería? Más aún: ¿Por qué el gobierno, independientemente de la veracidad de la acusación, decidió escoger la peor imagen para probar su caso? Respuesta: Porque la estupidez e incompetencia del gobierno no tiene límites).

La conveniente -demasiado conveniente- conexión con el enemigo acérrimo del régimen chavista, Luis Posada Carriles, y la también conveniente y expedita extradición a Cuba del presunto magnicida (¿miedo a que el nuevo “testigo estrella” se enrede en sus mentiras como Geovanny Vásquez?).

La manera enfática -sospechosamente enfática- como los diputados y ministros oficiales, mario silva y la nimiedad ésa que escupe vilipendios en Los Papeles de Mandinga, culpan a los medios privados de no informar sobre el caso, como si la actuación de los medios fuese más alarmante que el supuesto intento de magnicidio.

Los reportajes balurdos que los medios oficiales ya tenían listos sobre Alejandro Peña Esclusa, que recuerdan, una vez más, la olla que le montó el gobierno a Maraco.

El silencio de Fidel, que no mencionó en su reaparición el lunes el caso de Chávez Abarca, acaso porque lo traicionó el subconsciente. ¿Alguien se imagina a Fidel no mencionando el caso si no fuese un montaje? ¿Rehusándose a darle palo a esa piñata?

Y, finalmente, los aviones….La incongruencia entre el video de VTV que muestra a Chávez Abarca montándose en un avión con destino a Cuba y el video de la televisora cubana que muestra a Chávez Abarca llegando a La Habana en un avión distinto (y ya sin el disfraz de hombre de extrema peligrosidad).

Si el ex fiscal Isaías Rodríguez no estuviese copado escribiendo poemas al equipo de fútbol español, pensaría que esta tramoya bufa y chambona es obra suya.

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Mensaje al opositor abstencionista

Martes, 13 de julio de 2010

Hay quienes critican a la oposición por depositar sus esperanzas en las elecciones legislativas de septiembre.

Aducen que Chávez podría hacer con la Asamblea Nacional -y, en efecto, ya está haciendo- lo que hizo con la Alcaldía Mayor: despojarla de sus competencias si la alternativa democrática se adueña de ella mediante el voto.

También dicen -y con razón- que, incluso cuando la oposición tenía más diputados en el Congreso, el chavismo se las ingenió para excluir a esa porción significativa de la toma de decisiones.

Muchos de ellos rechazan la abstención, pero su mensaje parece más bien alentarla, pues si votar es casi irrelevante ¿para qué molestarse en ir a las urnas?

El problema que tengo con este grupo de escépticos no es que lo que dicen no sea cierto, sino que no proponen alternativas viables a la lucha electoral. Pues, además de votar y aceptar competir bajo condiciones injustas (y con la posibilidad de trampa después de los comicios), ¿qué otras alternativas tenemos?

Una posible es la abstención, pero ya probamos esta estrategia y conocemos el resultado.

Otra es tomar las armas, opción rechazada por la mayoría de los venezolanos.

Eso nos deja con la alternativa electoral.

¿Por qué esta es la mejor opción?

Para responder esta pregunta se debe comprender lo siguiente: Chávez encarna un régimen autoritario electoral, donde el poder se ejerce de forma despótica y casi sin límites, pero se legitima con elecciones.

A Chávez, pues, hay que deslegitimarlo con el voto.

Los que proponen un escenario de huelgas, marchas y movilizaciones deben admitir que no hay mejor incentivo para la movilización que unas elecciones robadas (sean éstas o las próximas).

E incluso la minoría radical que piensa que a Chávez hay que sacarlo a la fuerza debe aceptar que deslegitimar a Chávez con el voto no afecta su causa.

Es muy fácil burlarse de la ingenuidad de los que damos importancia a las elecciones de septiembre.

Mucho más difícil es proponer una mejor alternativa.

Rebelión en la granja

Viernes, 9 de julio de 2010

En uno de esos libritos de entrevistas de Ramón Hernández, el diputado Luis Tascón cuenta un incidente que le ocurrió en el aeropuerto de Maiquetía. En la época del paro petrolero, esperaba la salida de su vuelo en el saloncito vip reservado para altos funcionarios de gobierno, cuando una empleada le anunció que debía desalojar el sitio porque lo iba a utilizar la esposa de José David Cabello, hermano del todopoderoso Diosdado.

Le respondí que yo lo desalojaba con mucho gusto si me pasaban la orden por escrito. Por supuesto que no se atrevieron. Le mandé a decir a la directora de protocolo que ese salón no era para las esposas de los funcionarios sino para los altos funcionarios: diputados, ministros, magistrados, etc. El vuelo se atrasó excepcionalmente como cuatro horas y todo ese tiempo me quedé en el sitio. Cuando salí a dirigirme a la puerta del embarque, un hombre me agredió. Era un empleado del aeropuerto que había enviado el director del aeropuerto a provocarme. Por supuesto, no caí enla trampa de liarme a golpes, sino que busqué a un agente de seguridad uniformado y le dije que me acababan de agredir. Cuando el empleado del aeropuerto vio esa actitud, se retiró. No fue un hecho fortuito, sino una agresión planificada por el director del aeropuerto, que es un empleado de Diosdado Cabello.

Unos años después, cuenta Tascón, se topó con otra muestra del poder de Diosdado. Ya en problemas con el chavismo, Tascón tuvo una discusión con Nicolás Maduro y Cilia Flores:

Me acusaron de ser amigo de Lina Ron. Cuando contesté que Diosdado Cabello también era amigo de Lina Ron, Maduro me contestó: “Tu no puedes compararte con la figura de Diosdado Cabello.” Es decir, yo era un inferior, un pendejo, y no podía compararme con esa figura grande y enorme que era Diosdado Cabello, que sí podía ser amigo de Lina Ron y de quien él quisiese.

Así es, Tascón. Ese es el socialismo. Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros.

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