bALBArie

Jueves, 5 de noviembre de 2009

albaLa semana pasada, luego de que Estados Unidos criticara el fallo ilegal de la Corte Suprema nicaragüense que abre las puertas a la reelección presidencial, unos 300 simpatizantes del gobierno sandinista -que gritaban consignas como “¡muerte a los yanquis!”- lanzaron piedras, petardos y huevos a la embajada norteamericana en Managua. Y unos días después el embajador de Estados Unidos en Nicaragua, Robert Callahan, tuvo que ser protegido por la policía al salir de una universidad porque bandas pro-gobierno que protestaban en su contra le lanzaron petardos.

Cualquier presidente civilizado hubiese pedido disculpas al embajador agredido y enviado un claro mensaje a sus seguidores de que la violencia no es una herramienta válida para responder a simples críticas. Pero no Daniel Ortega. Unos días después el mandatario nicaragüense se puso del lado de los manifestantes, culpando del ataque al embajador de Estados Unidos por las críticas que hizo al fallo de la corte. “Fueron ellos [Estados Unidos] los que empezaron con la declaración de Washington [la crítica al fallo],” dijo el sábado.

Viniendo de un miembro de honor del ALBA, esta acción no sorprende. En 2008 más de veinte mil manifestantes agredieron de manera similar la embajada norteamericana en La Paz, Bolivia. ¿La razón? Un fallo de una corte judicial estadounidense otorgándole asilo político a Carlos Sánchez Berzaín, ex ministro de Interior que es acusado en Bolivia de utilizar la fuerza armada para reprimir las manifestaciones violentas de octubre de 2003 en las que hubo aproximadamente 60 muertos y 400 heridos.

Al igual que Ortega, el gobierno boliviano se puso del lado de los manifestantes. Evo Morales convocó un día despues de la protesta al embajador de Estados Unidos en La Paz, Philip Goldberg, no para excusarse por lo ocurrido, y darle garantías de protección, sino para pedirle explicaciones sobre el asilo concedido al ex ministro. Cuando el diplomático explicó que la decisión provenía de una corte independiente de su país, el gobierno declaró la respuesta no satisfactoria. Simultáneamente, varios funcionarios cuestionaron la labor del jefe de la policía que dio la orden de dispersar con gases lacrimógenos la manifestación violenta, incluyendo el ministro de Gobierno Alfredo Rada. Y poco después de estas críticas el jefe de la policía fue destituido, lo cual, en parte, hizo que Washington llamara a consultas a su embajador.

El punto aquí es el siguiente. Así uno piense que Estados Unidos comete un delito de intrusión haciendo una simple crítica a un fallo claramente inconstitucional, en el que sólo votaron seis jueces sandinistas y se maniobró para que no votaran los siete jueces de oposición. Así uno piense que Estados Unidos comete un error juzgando este fallo en el marco de otros abusos de Ortega contra la democracia, como por ejemplo el fraude de las elecciones municipales de 2008. Así uno piense que Estados Unidos ha debido extraditar a Sánchez Berzaín a Bolivia en 2008, a pesar de que el gobierno boliviano no había hecho entonces una solicitud formal de extradición al gobierno norteamericano. Así uno piense que Estados Unidos ha cometido todos estos abusos (y, si se quiere, muchos otros). Así uno piense todo esto, uno puede tambien reconocer que un presidente no debe avalar ataques violentos contra sedes diplomáticas donde trabaja personal que no está involucrado en la decisiones de política exterior del gobierno que representa. Uno puede reconocer que es un acto de barbarie responder con violencia a una mera crítica o señalamiento.

Texto relacionado del autor:

Hugo Chávez y Don Quijote

Martes, 3 de noviembre de 2009

PicassoDonQuixoteSanchoEn la traducción al inglés de Estambul, ciudad y recuerdos, Orhan Pamuk confiesa lo siguiente:

Whenever I find myself talking of the beauty and the poetry of the Bosphorus and Istanbul’s dark streets, a voice inside me warns against exaggeration, a tendency perhaps motivated by a wish not to acknowledge the lack of beauty in my own life.

Para los que no hablan inglés, Pamuk revela en este extracto que su tendencia a la exageración -cuando habla de la belleza y poesía de su ciudad natal, Estambul- está quizá relacionada a un deseo de negar o no reconocer la falta de belleza en su propia vida. La admisión es en el fondo una crítica a su propio libro, pero también un reconocimiento de una debilidad muy humana, de la que todos, sin excepción, somos víctimas.

¿No es esta tendencia uno de los temas principales de Don Quijote? ¿No explica el comportamiento de esos niños mentirosos que inventan aventuras e historias inverosímiles donde ellos siempre son los héroes-protagonistas? ¿No explica la necesidad de mucha gente de hablar exageradamente de sus viajes, de sus amigos importantes y de las cenas y fiestas glamorosas a las que asisten? ¿No explica, al menos en parte, el afán de Hugo Chávez de hablar de su proyecto político como una revolución o una batalla a muerte contra enemigos poderosos (el imperio, la oligarquía, el capitalismo etc)? ¿No son las exageraciones en el discurso de Chávez el resultado de no querer reconocer la falta de épica y de belleza en su propia vida? ¿De no tener una vida siquiera remotamente similar a la de sus héroes históricos?

En ese sentido, Chávez a veces me recuerda a Don Quijote.

La pequeña contribución

Viernes, 30 de octubre de 2009

Los-secretos-de-la-valijaEn su libro Los secretos de la valija, el periodista argentino Hugo Alconada Mon relata la historia secreta de la campaña internacional de Hugo Chávez para ganar en 2006 uno de los nueve escaños rotativos del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Alconada cuenta que cuatro grupos viajaron a diferentes regiones del mundo ofreciendo ayudas millonarias a cambios de votos y que el costo de estos viajes -que ascendió a más de 600 mil dólares- fue cubierto por dos empresarios con vínculos cercanos al gobierno, los entonces desconocidos -pero ahora famosos- Franklin Durán y Carlos Kauffman.

¿Por qué al gobierno le interesaba que los dos empresarios pagaran los viajes? Alconada ofrece la siguiente explicación:

Desde el gobierno bolivariano, recurrir a empresarios para tareas del Estados resultaba ventajoso. Para empezar, le permitía mantener todo el asunto fuera de la lupa pública.

Si algo salía mal, además, era más difícil probar la mano chavista; y si todo salía bien, el operativo se pagaba sin controles de auditoría, lo que a su vez facilitaba algún negociado. Y, por último, pero quizá lo más relevante de todo, la orden se cumplía mucho más rápido.

Desde la perspectiva del empresariado, el pedido también reportaba múltiples beneficios: acceso a funcionarios del alto nivel, pago y cobro de favores millonarios, y por encima de todo, poder.

Alconada cuenta que, cuando Venezuela salió derrotada en la ONU, los dos empresarios llegaron rápidamente a la misma conclusión: el gobierno no les reembolsaría el dinero de los viajes. “Debían pagarnos pero nunca lo hicieron. Así que lo tomamos como una contribución,” diría Kauffman dos años después.

¿Qué quiere decir con “contribución”? Pues que los negocios de los dos empresarios con el gobierno eran tan jugosos que perder medio millón de dólares no era muy grave. Que, frente a la posibilidad de futuros negocios con el gobierno, podían darse el lujo de ver ese dinero como un pequeño aporte (y asi no amargarse). Por supuesto, para un boliburgués con cien, doscientos o trescientos millones de dólares en el banco esta historia no es impactante. Pero para el resto de nosotros sí lo es.

A la sombra del patriarca

Miércoles, 28 de octubre de 2009

fidel gaboLa relación entre Gabriel García Márquez y Fidel Castro ha sido explicada por algunos como una prueba de la confesa fascinación del escritor por el poder (en general) y Castro (en particular). Dicen que esta fascinación, combinada con un anti-imperialismo adolescente y una actitud escéptica hacia la democracia representativa, explica la cercana amistad entre el premio Nobel y el sátrapa cubano. Pero otros son menos generosos y cuestionan la integridad del autor de Cien Años de Soledad. Dicen que García Márquez está consciente de la podredumbre moral de la dictadura castrista, pero por alguna misteriosa razón decide callar.

Leyendo el polémico ensayo de Enrique Krauze sobre este tema (disfrazado de reseña de la nueva biografía de García Márquez), uno advierte que estas dos interpretaciones no son mutuamente excluyentes.

Sobre la primera, Krauze ofrece varios datos interesantes, algunos ya harto conocidos. Quizá los más reveladores son citas sobre Fidel extraídas de varios “reportajes” políticos de García Márquez:

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Vacaciones

Martes, 20 de octubre de 2009

Estoy de vacaciones y por eso no ha habido actividad en el blog. Gracias por visitar.