El enigma de Baduel

Miércoles, 17 de septiembre de 2008

I. Personaje de novela

De todos los personajes de la era de Chávez en Venezuela, el general Baduel es uno de los que más llama la atención, quizá porque es el más novelesco.

En primer lugar está el exotismo de su personalidad. La cara de hindú. La elegante seriedad. Su cristianismo. Su taoísmo. Su ecumenismo. Su pasión por Sun Tzu, Lao Tsé y otros clásicos orientales. Su dicción. La precisión alemana con que construye oraciones.

Luego están las inconsistencias de su biografía. Primer acto: Se hace amigo de Hugo Chávez en los setenta. Funda con él el MBR-200 en el 82. Es uno de los cuatro que se juramenta bajo el Samán de Güere. Pero luego se niega a participar en el golpe del 92 por respeto a la Constitución.

Segundo acto: Acepta el cargo de secretario privado del presidente. Se convierte en el héroe mayor del chavismo en abril de 2002. Llega a ministro de Defensa. Pero luego rompe con Chávez porque advierte lo que ya, desde hacía tiempo, era obvio: que el proyecto de Chávez es, sobretodo, personalista. Que su intención es hacer todo lo posible para eternizarse en el poder.

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Woody Allen en Barcelona

Lunes, 1 de septiembre de 2008

Desde hace ya tiempo, las películas de Woody Allen me han parecido bastante flojas. Me da la impresión de que su asombrosa productividad, en vez de ayudarlo, lo ha perjudicado como creador. Sus películas se han convertido en una rutina, productos que saca cada año con la falta de ambición y locura de quien redacta noticias cada día. Apenas uno no sale del cine, los personajes y la trama comienzan a desvanecerse de la memoria o a confundirse con los de sus otras películas.

Pero, pese a este declive, las películas de Woody Allen siguen siendo para mí una tradición anual. Por más que me irriten algunos diálogos, y que advierta lugares comunes, estereotipos y frivolidades, sigo disfrutando cada película lo suficiente como para ver la próxima. He crecido con las películas de Woody Allen y mi gusto por él quizá es –como decía Forster de Austen– un “asunto familiar.” Pero lo bueno es que esta lealtad familiar a veces es premiada con personajes o escenas conmovedoras que me hacen entender porque alguna vez me convertí en su admirador.

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El mito del buen pendejo

Viernes, 15 de agosto de 2008

En la visión de los presidentes de Venezuela y Bolivia, el Área de Libre Comercio de las Américas y los tratados de libre comercio bilaterales con Estados Unidos son una estrategia del imperio para imponer su modelo neoliberal en América Latina y establecer sutiles mecanismos de colonización y explotación. Cuando el ALCA se trabó en la cumbre de Mar del Plata en 2005 Evo habló de una “liberación,” situando lo ocurrido dentro del marco de una supuesta lucha antiimperialista. Chávez, por su parte, fue mucho más allá y, citando al lingüista Noam Chomsky, habló de la derrota de un plan anexionista y colonial de Estados Unidos. Un plan, dijo, que viene desde de Thomas Jefferson.

Viniendo de Chávez, que ya tiene un amplio historial de desatinos verbales, esta teoría desalada no me sorprende. Ni tampoco viniendo de Evo, que hace poco dijo con total inocencia que si sus propuestas son ilegales él exige a sus juristas que las legalicen (“¿para qué han estudiado?” les dice). Pero sí me sorprende cuando, en versiones más sofisticadas, la escucho en boca de periodistas, académicos y universitarios que residen en Washington, y con los que a veces me mezclo en el público de los eventos sobre América Latina que se llevan a cabo en esta ciudad. Al final de estas conferencias, cuando se abre espacio al público para hacer preguntas, casi siempre se escucha alguna referencia a este plan sofisticado de Estados Unidos para colonizar América Latina a través de tratados de libre comercio.

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Enemigo de la razón

Martes, 29 de julio de 2008

Quien lleve una lista de los muchos incidentes tragicómicos de la era de Chávez en Venezuela, debería incluir el regaño que lanzó hace poco el presidente al partido Comunista por haber convocado una marcha de protesta a la visita al país del presidente de Colombia. En un mitin en Maracay, Chávez dijo que él mismo había invitado a Uribe y recordó que los comunistas, por haberse aliado con el ex presidente Rafael Caldera, no habían protestado contra la visita a Venezuela que hizo Bill Clinton en los noventa. Dijo también que su gobierno está obligado a “entenderse con el gobierno de Colombia” y que él es un jefe de Estado y “como tal debe actuar.”

La comicidad del incidente reside, claro, en el hecho de que, después de la retahíla de insultos de jefe de Estado que Chávez ha dirigido a Uribe desde que se peleó con él en noviembre – “genocida,” “paramilitar,” “líder de una mafia,” “mentiroso,” “criminal” son sólo algunos de ellos–, resulta gracioso escuchar al presidente regañando al partido Comunista por planificar una modesta protesta contra la visita de Uribe. Si algo se puede decir del plan de los comunistas, es que era consecuente con sus creencias, en total sintonía con el discurso oficial. Después de todo, si uno se toma en serio las palabras de Chávez, y suscribe lo que han dicho diputados, ministros y medios oficiales sobre Uribe en los últimos meses, ¿no es una manifestación contra la visita de este “líder mafioso” lo mínimo que uno puede hacer para resguardar la dignidad de la patria?

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Racismo en Bolivia

Miércoles, 16 de julio de 2008

evo-moralesEl pasado 9 de junio un grupo de más de 20 mil personas (el gobierno de Bolivia se jacta de que fueron 80 mil) se congregó en la embajada de Estados Unidos en La Paz que preside Philip Goldberg. La protesta no fue pacífica. Los manifestantes, la mayoría movilizados desde la ciudad vecina de El Alto, agredían con palos, piedras, petardos y cachorros de dinamita a los funcionarios policiales que protegían la embajada, y gritaban consignas como “fuera yanquis” y “Goldberg, ¡queremos tu cabeza!” La violencia llegó a un punto en el que amenazaba con desbordarse y el jefe de la policía se vio obligado a dispersar la manifestación con gases lacrimógenos. Al final, no hubo muertos, pero sí una docena de heridos de lado y lado.

Poco después de la manifestación el concejal Roberto de la Cruz, organizador de la manifestación y líder prominente de El Alto que tiene una relación clientelar con el gobierno, anunció que la manifestación no terminaba allí: volverían a protestar en la embajada hasta expulsar al “embajador genocida.” Otro líder notorio de El Alto, Edgar Patana, señaló que era un insulto que Estados Unidos izara su bandera en tierra boliviana, y que, hasta que no la bajaran, sus amigotes y él asediarían la embajada norteamericana. Ambos dirigentes dieron a los medios un mensaje claro y rotundo: o expulsaban a Goldberg o quemaban la embajada del país –esto no lo dijeron– que provee la mayor asistencia económica y social a Bolivia.

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