Sábado, 14 de junio de 2008
A los seis años, Miguel se escapó de su casa en Barinas porque su padre le pegaba. Se mudó solo a Caracas y vivió un tiempo en las calles, robando, mendigueando y consumiendo drogas. La policía lo agarró y lo metió en un centró de rehabilitación juvenil, donde el “Sistema” lo captó. Desde entonces Miguel se ha enderezado. Ahora toca el violonchelo y aspira a ser músico profesional y formar una familia. “Sin la música,” dice, “estuviese todavía en las calles robando y pidiendo limosna.”
Esta historia es similar a la de miles de jóvenes que han sido rehabilitados, y quizá salvados, por el Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, conocido simplemente como el “Sistema.” El guión, que tiene tintes telenovelescos, es casi siempre el mismo: niños y adolescentes de origen humilde que encuentran una salida improbable al laberinto de su mala suerte agarrando un instrumento y descubriendo a través de él los placeres y la belleza de la música.
Para cerrar con broche de oro sus estudios de arte en la universidad Yale en Estados Unidos, Aliza Shvarts planificó una gran obra. Decidió que se inseminaría artificialmente para luego inducirse a sí misma varios abortos que capturaría en video. Luego, construiría un enorme cubo transparente que envolvería con varias capas de plástico y, entre cada capa, vertería sangre de los abortos mezclada con vaselina. Para finalizar, colgaría el cubo en el salón de exhibición y proyectaría en sus cuatro lados visibles videos de los abortos.
En La cortina: ensayo en siete partes (Gallimard, 2005), Milan Kundera cuenta que en 1953 el novelista polaco Witold Gombrowicz citó en su diario la carta de un lector que le recomendaba no discutir su propio trabajo y sobretodo ¡dejar de escribir prefacios explicatorios a sus propias novelas! A eso Gombrowicz responde que su intención es seguir explicándose a sí mismo “lo más posible y hasta tanto le sea posible,” porque un escritor que no puede hablar de sus propios libros no es un verdadero escritor. Kundera obviamente suscribe lo que dice Gombrowicz, pues su más reciente libro es el tercero que dedica a explicar su filosofía de la novela.