Pide amor, Amorim

Viernes, 27 de agosto de 2010

Respondiendo a las críticas por la indiferencia y el silencio de la diplomacia brasileña ante países acusados de violar los derechos humanos (Irán, Cuba, Venezuela), el canciller de Brasil, Celso Amorim, señaló hace poco en una columna que las denuncias a los países que violan los derechos humanos pueden merecer “aplausos,” pero “raramente salvan” vidas.

“Preferimos dar ejemplo y, al mismo tiempo, actuar por la vía del diálogo franco, en general, más eficaz. En el caso de Brasil, esa capacidad de actuar con discreción no es oriunda de algún talento excepcional. Es la expresión en nuestras relaciones con otros Estados soberanos, de nuestra naturaleza conciliadora.”

También apuntó que ”las reprimendas o condenaciones públicas a otros Estados no son el mejor camino para obtener ese resultado. La verdad, escoger la intimidación en detrimento de la persuasión es casi siempre ineficaz, cuando no es también contraproducente.”

Está bien, canciller. Aceptamos su argumento. Lo que no entendemos es porqué Brasil aplica esa diplomacia discreta y conciliadora en los casos de Irán, Cuba y Venezuela, pero no en los casos de Honduras, Estados Unidos e Israel.

¿No me cree?

Véalo usted mismo.

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