Lunes, 30 de enero de 2012

Daniel Candanga y sus dos hijas

En este blog llevo tiempo tratando de entender al chavismo duro. Aquí les dejo algunas observaciones (todas ya antes publicadas) que, pienso, han adquirido relevancia en el debate actual. Las actualicé y añadí una conclusión.

Están basadas en conversaciones con chavistas duros:

El alcance limitado de los medios. A pesar de que muchos de los chavistas con los que he conversado son muy pobres, sorprende ver que muchos tienen acceso a Internet, y, a través de Internet, a los medios opositores. Cuando me refiero al alcance limitado de los medios, no me refiero en realidad al alcance (que es un problema) sino a su capacidad de influencia. Al chavista duro es difícil convencerlo a través de Globovisión, El Universal o cualquier otro medio de comunicación que él identifique con la oposición.

La importancia del trabajo de base. Una pequeña ayuda a la abuelita enferma pesa mucho más que un año de programación de Globovisión. Cuando hablo con el chavista duro, quedo con la impresión de que el contacto directo podría ser muy efectivo. Un ejemplo. Hace unos meses pude escuchar e interactuar con un chavista duro durante tres horas. Después de hablar con él me hice dos preguntas: 1) ¿Podría algún día Globovisión, El Universal, Noticiero Digital o las conferencias de prensa semanales de Julio Borges alejarlo de Chávez? 2) Si Henrique Capriles, Leopoldo López, Pablo Pérez o María Corina Machado visita a este chavista duro, lo escucha y luego lo ayuda a resolver un problema menor o le explica con argumentos racionales cuál es el origen de sus problemas, ¿podría esta acercamiento hacerlo cambiar de opinión? La respuesta a la primera pregunta es un rotundo “no.” La respuesta a la segunda pregunta es “sí.” Lo cual me lleva a la tercera observación

El chavista duro no es impermeable. He escuchado a más de un analista diciendo que la oposición no debe perder tiempo con el chavismo duro. Debe más bien enfocarse en el chavismo light. Está bien. Con limitados recursos claramente hay que establecer prioridades. Pero mi impresión es que el chavista duro no es impermeable. Al contrario: el apoyo del chavista duro a Chávez puede ser muy frágil. Se fundamenta, a veces, en creencias fáciles de resquebrajar. Y, una vez confrontadas estas creencias, este apoyo se puede derrumbar como un castillo de arena. Pero este trabajo debe hacerse cara a cara. Hablando con el chavista duro me he dado cuenta que la gente subestima enormemente su inteligencia y capacidad de razonamiento (“no toques a Chávez porque lo pierdes”). Y sobrestima su capacidad de ser penetrado a través de los medios.

Dos ideas poderosas. El apoyo del chavismo duro se fundamenta en parte en la carisma de Chávez, el clientelismo y otros factores, pero también en dos poderosas narrativas: 1) Chávez es el presidente de los pobres. Esta idea sigue teniendo mucha fuerza; es tan poderosa que muchas veces anula (literalmente) la discusión sobre si Chávez es un dictador. 2) La culpa de la ineficiencia del gobierno no la tiene Chávez, sino sus ministros y la gente que lo rodea. Un ejemplo de este último punto. En una de mis conversaciones un chavista duro me dijo para probar su punto de que el problema era el entorno que Chávez ha tenido que cambiar catorce veces de ministro de Vivienda. “¿Puedes creer eso?” me dijo. “¡Catorce veces! Es una prueba de que la gente no le cumple. A cada rato él se ve obligado a botarlos ¡porque no le sirven!” Para este chavista duro los catorce cambios no eran prueba de la incompetencia de Chávez, sino de su responsabilidad y capacidad de rectificación. Cuando un ministro no sirve, él los bota.

Esta idea del entorno es fácil de resquebrajar (yo lo hice con una chavista en una sola conversación, donde al final me dio la razón y cambió de opinión). Pero es imposible hacerlo sin tocar a Chávez o desafiar la opinión que el chavista duro tiene de él. Después de todo, combatir esta creencia significa decirle al chavista que Chávez es incompetente por haber nombrado a catorce ministros que no sirven.

Orden natural de las cosas. Al igual que el lector de este blog, el chavista duro sabe muy bien que el país es un desastre. La diferencia es que para él este es el orden natural de las cosas. Chávez no ha provocado el desastre, sino opera en él lo mejor que puede. Para el chavista duro Chávez ara contra el mar. Y lo hace, según ellos, mucho mejor de lo que lo harían sus adversarios políticos.

En la polarización de la discusión sobre cómo ganar las elecciones (si con el estilo elíptico de Capriles o el más directo de María Corina) se sacrifican sin querer puntos específicos que merecen debate. Por ejemplo, sea cual sea nuestra inclinación, ¿no es importante encontrar maneras de debilitar la creencia de que el entorno de Chávez, y no él, es el culpable de los problemas del país? ¿No es esta creencia una ventaja injusta para Chávez? ¿Y no son enormes los potenciales beneficios de debilitar esta creencia imposible de debilitar sin atacar al presidente? Por el otro lado,  y como ya he dicho, en las confrontaciones directas a Chávez la manera de hacerlo puede marcar la diferencia en términos de eficacia. Las críticas o ataques deben ser cuidadosamente articulados; no se debe perder de vista la existencia del fuerte vínculo emocional de muchos con el presidente. Tampoco se debe sobrestimar la eficacia de la confrontación frontal en los medios.

Finalmente, les dejo el enlace de una historia surreal de un chavista duro que conocí el año pasado: Daniel Candanga.

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Domingo, 29 de enero de 2012

¿Qué nos dice Antón Chéjov sobre el adulterio? Hoy se cumplen 162 años de la publicación de La señora del perrito. Los dejo con un ensayo mío sobre esta obra maestra.

La trama de La señora del perrito, el famoso cuento de Antón Chéjov, no es muy original. El personaje principal, Dmitri Dmítrievich Gúrov, es de Moscú, tiene poco menos de cuarenta años y está casado con una mujer que lo aburre. En una estadía en Yalta, una ciudad a orillas del Mar Negro, conoce a Anna Serguéyevna, una mujer también casada con la que tiene una breve aventura amorosa. La relación no dura mucho porque Anna, confundida, deja Yalta cuando recibe una carta de su esposo pidiéndole que regrese a casa. A Gúrov no lo traumatiza el final de la relación, que no considera distinta a las aventuras que ha tenido con otras mujeres. Pero, de vuelta a Moscú, Gúrov se sorprende al ver que, pese al paso del tiempo, no puede dejar de pensar en Anna. Decide entonces irla a ver a su pueblo, donde provoca un emotivo encuentro en un teatro. A partir de ese momento, Gúrov y Anna Serguéyevna comienzan a verse otra vez a escondidas. En esta segunda fase de la relación Gúrov se enamora de ella.

El cuento tiene un elemento de suspenso, porque el lector quiere saber cómo termina la relación. Pero lo especial de esta ficción (y de Chéjov) no es el manejo habilidoso de la trama. Son las perceptivas observaciones, el equilibrio de la prosa, la caracterización, el criterio en la selección de detalles y las inquietudes existenciales que laten en cada página. Un denominador común de los cuentos de Chéjov es la proclividad del narrador o de los personajes a la reflexión metafísica. Chéjov no puede evitar insertar a cada rato reflexiones sobre la vida, la muerte, el paso del tiempo, etc. Estos instantes son los que revelan más la mano del autor, y en los que Chéjov más se acerca al precipicio del sentimentalismo. Pero también son los que nos acercan más a él. Esta propensión natural de su prosa es a la vez un defecto y una virtud.

Una de las mejores partes del cuento es cuando Gúrov y Anna se besan por primera vez. La sección es una muestra perfecta del equilibrio que Chéjov muchas veces alcanza con su prosa. El narrador no dice mucho, pero tampoco es lacónico. El lenguaje es expresivo, pero nunca jactancioso. Los detalles están tan bien escogidos que las costuras del artificio casi desaparecen. Es decir, la vida, sin intermediario, parece brotar de la página. Sólo una oración amenaza con develar la mano del autor y desbarrancar la prosa al sentimentalismo. Cuando se están besando a Gúrov lo envuelve “la frescura y fragancia de las flores.” Sin embargo, Chéjov enseguida le pone bridas a ese impulso lírico, insertando un detalle realista. Después del beso, apenas se separan, Gúrov mira ansioso a sus alrededores, preocupado de que alguien los haya visto.

Chéjov utiliza con frecuencia esta técnica de contrapeso. En el mismo cuento, poco después del beso, Anna Serguéyevna, alterada, le dice a Gúrov que se siente avergonzada de ella misma y que está segura de que él no la respeta. ¿Qué hace Gúrov? Corta un pedazo de patilla y se lo come sin prisa. Un instante antes de morir, el protagonista del cuento La sala número seis ve pasar junto a él una manada de venados de “excepcional gracia y belleza, sobre los que había estado leyendo el día anterior,” pero luego, en la misma oración, los venados son desplazados por una campesina entregándole un documento certificado. Muchos críticos han señalado que Chéjov tiene el raro talento del recato. Pero una mejor manera de definir esta virtud es resaltando el compromiso del autor con el realismo. Chéjov parece tener siempre una voz encima del hombro recordándole que, en la vida real, la prosa y la poesía se entremezclan.

Este compromiso con la verdad está al centro de la modernidad de Chéjov. Y con modernidad me refiero simplemente a su laicismo, su renuencia a emitir juicios, su desprecio por la moraleja, su indiferencia a los entresijos de la trama, y su reconocimiento del lado absurdo y tragicómico de la condición humana. Chéjov es moderno no porque se propuso serlo. Es moderno por su profundo compromiso con la verdad; porque quería escribir cuentos y obras de teatro diferentes a los de Ibsen, donde la vida no fuese desprovista de sus complejidades, misterios, ambigüedades y verdades relativas.

La señora del perrito es un claro ejemplo de este compromiso. Como en muchos de sus cuentos, el autor es compasivo con sus personajes. Chéjov no busca juzgar a los dos amantes, sino simplemente entenderlos. Su objetivo como escritor –lo dice en muchas de sus cartas– es presentar un problema, sin ofrecer soluciones. En La señora del perrito el problema es el complejo dilema existencial que a veces está detrás del adulterio. Chéjov nos enseña cómo el adulterio puede ser producto de una inquietud, un vacío, una insatisfacción, que a veces toca nuestras fibras más íntimas. Una inquietud que no es fácil de ignorar y que, muy en el fondo, puede ser vista como un deseo o una profunda añoranza de libertad. ¿Libertad de qué? Libertad de la jaula que representa un matrimonio infeliz, en el que no hay siquiera algo cercano a una comunión de almas. Pero libertad, también, de algo más abstracto. Libertad del ansia o deseo insaciable de mayor plenitud que es inextricable de la condición humana. Libertad de un vacío que, al largo plazo, Anna quizá no va a llenar con Gúrov, ni con cualquier otro hombre. A eso se refiere Susan Sontag cuando dice que los personajes de Chéjov “añoran escapar a una libertad cuya vastedad depende de su inexistencia.”

El trasfondo existencial de la relación de Anna y Gúrov es evidente a lo largo de todo el cuento, pero en dos momentos se hace explícito. El primero es cuando Anna Serguéyevna, avergonzada de su comportamiento, avergonzada de lo que Gúrov pueda estar pensando sobre ella, trata de justificarse. Anna le dice a Gúrov que su esposo es un hombre bueno y honesto, pero también servil y rastrero. Le explica que se casó con él muy joven, atormentada por un sentimiento de curiosidad. Anna quería algo mejor, una vida diferente. Obviamente, el esposo no satisface esta necesidad. Su relación con Gúrov es, en parte, producto de una profunda desilusión romántica.

El segundo momento es en la última parte del cuento, cuando Gúrov y Anna Serguéyevna reanudan su relación. Camino a uno de sus encuentros con Anna, Gúrov reflexiona sobre sus dos vidas. La vida que todo el mundo conoce –su trabajo en el banco, sus discusiones en el club, su asistencia con su esposa a aniversarios y fiestas–, y su vida secreta con Anna Serguéyevna. Su primera vida, piensa, está llena de “franqueza relativa y relativa falsedad,” una vida igual de superficial a la que llevan la mayoría de sus amigos y conocidos. Mientras que todo lo que de verdad le interesa, todo lo que es esencial para él, todo lo que provoca en él emociones sinceras, es parte de su vida secreta. Anna, pues, es lo más real de su vida. Lo que otros simplemente verían –no sin razón– como un engaño a su aburrida esposa, es lo único que, en ese momento, llena de significado la vida de Gúrov.

¿Significa esto que Gúrov sería más feliz con Anna Serguéyevna que con su esposa? ¿Significa que Gúrov y Anna deben dejar a sus respectivas parejas? El cuento cierra con una nota melancólica pero positiva, sugiriendo que los dos protagonistas van a reunir el coraje necesario para vivir juntos y amarse como una pareja normal. Pero lo que no queda claro es si la consagración de ese amor representa una simple ilusión de mayor felicidad. En la parte final Gúrov dice estar enamorado de Anna. Sin embargo, a lo largo del cuento Chéjov ha soltado algunas pistas de las diferencias entre ambos, sobre todo en el plano intelectual. Anna Serguéyevna es claramente mucho más inmadura y menos inteligente que Gúrov. En los primeros dos capítulos Gúrov se muestra aburrido y levemente irritado con algunos de los comentarios y actitudes de Anna. Estas diferencias son anuladas por la pasión del amor inicial, pero es probable que, con el tiempo, vuelvan a resurgir. Es probable que el amor entre ellos desemboque en una nueva desilusión, más aún considerando que ambos parecieran ser espíritus inconformes.

Esta ambigüedad, esta falta de resolución, este espacio que deja Chéjov para esta lectura pesimista, es uno de los aspectos que hace de este cuento una obra maestra. En un ensayo sobre Chéjov el escritor William Boyd dice (citando a Janet Malcolm) que en la vida nunca vemos a las personas tan claramente como las vemos en los cuentos y novelas. Hay un vidrio empañado entre nosotros y el resto del mundo que nos impide ver con claridad incluso la vida interna de nuestros seres más queridos y cercanos. Boyd dice que Chéjov nos dice mucho sobre sus personajes, pero nunca los desnuda. Es decir, hay partes del vidrio que permanecen empañadas: “Siempre queda algo borroso, siempre hay algo secreto sobre ellos [sus personajes]” y por eso sus cuentos son tan reales. Ciertamente, esta observación de Boyd se puede aplicar a La señora del perrito, sobretodo a Gúrov, de quien Chéjov nos dice mucho y poco.

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Jan
26

Via Con Me

Viernes, 27 de enero de 2012

Mi viejo amigo de Berklee, el cineasta y músico Rodrigo Monterrey, me envió una maravillosa canción que no conocía: Via Con Me de Paolo Conte. Aquí se las dejo:

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Jueves, 26 de enero de 2011

Ayer escuché a Leopoldo López aclarando que las palabras de Capriles y él fueron malinterpretadas y no iban dirigidas a Pablo Pérez y UNT. Enfatizó que, a partir del 12 de febrero, el eventual ganador debía sumar los esfuerzos de todas las fuerzas de oposición, sin excepción. “Aqui lo que se trata es de sumar esfuerzos.”

También escuché a Omar Barboza dejando atrás el incidente del martes y asegurando que apoyarían y trabajarían por el eventual ganador. Pablo Pérez dijo que las alianzas formaban parte del juego democrático.

No importa si están o no tratando de remedar errores, lo importante, lo fundamental, es la clara voluntad de remedarlos en pos de la unidad.

Así que episodio cerrado. No hay que perder de vista al verdadero adversario ni inflar incidentes que, al fin y al cabo, son normales en cualquier proceso de primarias. Si algo ha caracterizado las primarias de la oposición, es su extraño clima cívico. Sólo miren a Estados Unidos.

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Miércoles, 25 de enero de 2012

“Si me apoyan a mí, no serán considerados miembros del pasado y de la vieja manera de hacer política. Si me apoyan tienen un pasaje gratis en el autobús de la renovación.”

Este es el mensaje entre líneas de Henrique Capriles Radonski, reafirmado ayer cuando en el anuncio de su alianza con Leopoldo López planteó rupturas con el “viejo liderazgo” y críticas a “la viaje manera de hacer política” que Pablo Pérez y UNT, con razón, interpretaron como un agravio. Y nadie duda, la verdad, que Capriles se refería a ellos.

He estado dudando si debo escribir sobre esto porque en este momento es peligroso atizar conflictos que perjudiquen la unidad. Pero lo hago porque me parece que el error de Capriles es fácil de corregir….si, y sólo si, se reconoce que es un error.

En primer lugar hay que decir la reacción de UNT fue torpe. Todos los precandidatos tienen el derecho a forjar alianzas y criticar la dupla Capriles/López como una mala jugada o una movida sucia es una soberana estupidez. El problema no es la alianza sino el ya viejo coqueteo de Capriles con una peligrosa narrativa.

¿Por qué digo que Capriles dice entre líneas que, si lo apoyan a él, no serán considerados miembros del pasado y de la vieja manera de hacer política, pero quien lo apoye tiene un pasaje gratis para montarse en el autobús de la renovación?

Por una razón muy simple.

Imaginemos que, de verdad, los principales adversarios de Capriles, UNT y AD, encarnen todos los vicios del pasado. Imaginemos incluso que el puntofijismo es algo no quizá como lo pinta Chávez, pero que por ahí va la cosa. Creo que incluso asumiendo como certera esta cuestionable visión el caprilismo aceptaría que sus adversarios en las primarias son mejores que Chávez. De lo contrario, Primero Justicia no sería parte de la MUD. Si UNT y AD son peores que Chávez, ¿qué sentido tiene aliarse con ellos para luchar contra el gobierno?

Sin embargo, Capriles trata con mayor hostilidad a UNT y a AD que a sus nuevos socios, Podemos y el PPT, partidos que hasta no hace mucho apoyaron al gobierno. El pasado próximo de los miembros de estos partidos, en términos de lo que suscribieron y activamente apoyaron cuando formaban parte de la coalición gubernamental -y no me hagan hacer una lista-, es mucho más cuestionable que el prontuario de Pablo Pérez y sus compañeros -algunos muy jóvenes y valientes- de AD y UNT. Pero el trato de Capriles hacia ellos es mil veces más generoso. Ellos sí son renovadores.

Que Leopoldo López acepte esta flagrante contradicción también lo deja a uno rascándose la cabeza, considerando su asociación con Proyecto Venezuela y Henrique Salas Römer, quien según me informan es fiel lector de este blog y ojalá pueda interceder para tratar de corregir esta actitud.

Déjenme dejar algo claro.

Llevo ya años diciendo que la oposición debe tener un discurso de reconciliación. Que, como dice Ramón Guillermo Aveledo, las puertas de la MUD deben estar abiertas a todo el mundo, incluyendo a todos los que militaron hasta hace poco con el presidente y ahora se oponen a él. He defendido y aplaudido la incorporación de Ismael García y Henry Falcón a la oposición, e insistido que lograr una transición pacífica en Venezuela exigirá tender puentes con sectores del chavismo que ahora copan las principales instituciones y que presumiblemente estarían dispuestos a colaborar.

Pero esta estrategia (y necesidad política) de inclusión debe abarcar no sólo a los que apoyen a Capriles o los que le den un puje electoral, sino a todas las fuerzas opositoras, incluyendo las que se han opuesto a Chávez desde que irrumpió en la historia de Venezuela en febrero de 1992.

Capriles dio un tubazo el martes. No queda duda de que la alianza fue un revés para sus opositores. Un poquito más de criterio y grandeza de espíritu no vendría mal.

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