La ilusión determinista

Jueves, 7 de junio de 2012

Un comentario breve sobre el creciente pesimismo que he percibido en algunos sectores, espero minoritarios, de la oposición.

Como ya he dicho, Chávez navega hacia las elecciones con poderosos vientos a su favor. Estén o no estén compradas las encuestas, sean o no sean piratas, Chávez podría estar liderando la carrera con un cómoda ventaja. Una ventaja de diez puntos, y quizá un poco más, está perfectamente dentro del límite de lo posible.

También es verdad que el camino está lleno de piedras.

En América Latina rara vez los presidentes no son reelectos. En los últimos treinta años sólo han habido dos casos: Daniel Ortega en Nicaragua e Hipólito Mejía en República Dominicana (quizá la derrota de Pinochet en el referéndum o el fraude de la última reeleción de Fujimori podrían ser otros ejemplos).

En Estados Unidos el número de presidentes que ha ganado la reelección es aproximadamente el doble al número de presidentes que no han logrado un segundo período.

Y la comparación con Estados Unidos es engañosa. Porque en un petroestado autoritario como Venezuela las ventajas para la reelección son mucho mayores, sobre todo si la tasa de crecimiento de la economía supera el 5 por ciento. Si Estados Unidos estuviese creciendo como ahora está creciendo Venezuela, Mitt Romney tendría pocas probabilidades de ganar.

Hugo Chávez, además, ha decidido supeditar la economía nacional a las elecciones presidenciales de octubre, una estrategia irresponsable y suicida en el largo plazo pero que le va a dar votos.

¿Significa esto que todo está perdido?

Yo creo que asumir esta actitud es un grave error. Así como uno puede mirar hacia atrás y encontrar estadísticas desmoralizadoras, uno también puede encontrar muchos ejemplos en la historia, como la reciente Primavera Árabe, donde las fuerzas democráticas prevalecieron bajo circunstancias aún más adversas.

Sobre este punto en específico Chávez quizá nos puede dar una lección. Cuando el presidente conspiraba en los ochenta para tumbar el gobierno sus probabilidades de llegar a la presidencia eran mucho menores que las de Capriles hoy. Pero alcanzó su objetivo porque no se dejó desmoralizar por la ilusión determinista que le mostraba el espejo retrovisor -esa ilusión que, además de inhibir la acción y obstruir con pesimismo la claras aperturas de oportunidad, también alimenta las fantasías de certeza clarividente de muchos analistas.

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