Poder mítico

Lunes, 7 de diciembre de 2009

Presidenta-del-TSJ,-Luisa-Estela-Morales.previewYa en junio de 2007 Hugo Chávez había expresado explícitamente su incomodidad con este concepto, cuando en un mitin, en medio de una confusa disertación sobre Gramsci, calificó como “grandes mentiras” la alternabilidad y la separación de poderes, conceptos fundamentales de la Constitución de 1999 que él mismo impulsó apenas ascendió al poder.

Y ese mismo año, en marzo, ya había soltado esta perla: “[Algunos] muchas veces logran neutralizar decisiones de la revolución a través de un juez o de un tribunal o hasta en el mismísimo Tribunal Supremo Justicia a espaldas del líder de la revolución, actuando por dentro en contra de la revolución. Eso es traición.”

Y antes de ascender al poder, en una de las ya célebres entrevistas que le hizo Agustín Blanco Muñoz, Chávez ya había esgrimido una elaborada defensa de la figura del caudillo/dictador: “Si toman consciencia real, se abstraen de su persona y ven el proceso desde lejos; si dedican su vida, su esfuerzo, a colectivizar a través de su poder mítico…se puede justificar la presencia del caudillo.”

Es decir, para ilustrar las dudas que tiene Hugo Chávez sobre la democracia liberal no sólo hay que examinar sus acciones, también sus palabras.

Por eso no me sorprendió que la presidenta del Tribunal Supremo de Justicia, Luisa Estela Morales, dijera el viernes que “la división de poderes debilita al Estado” y por eso se debe reformar la Constitución. En cualquier democracia avanzada estas palabras hubiesen sido motivo de escándalo. En Venezuela, no. Este tipo de declaraciones ya son parte de nuestra bizarra normalidad.

Sin embargo, una pregunta surge de estas declaraciones: ¿Por qué el gobierno, que controla ya todos los poderes, y cuya última maniobra fue nombrar inconstitucionalmente a dos incondicionales (Socorro Hernández y Tania D’ Amelio) como rectores del Consejo Nacional Electoral (CNE), necesita tener en papel lo que ya hace en la práctica y arriesgar así un deterioro aún mayor de su imagen internacional?

La respuesta es muy simple: Las elecciones legislativas de 2010. Porque, a pesar de los esfuerzos por asegurar el triunfo en estas elecciones con toda clase de trampas; a pesar de la abracadabrante ley de procesos electorales, que permite manipular las delimitaciones de las circunscripciones (ver artículo) y le otorga discrecionalidad al CNE en la regulación de las campañas electorales; a pesar del grosero ventajismo y discriminación que seguramente va a caracterizar la campaña electoral del año que viene, el gobierno se siente inseguro sobre los posibles resultados adversos de estos comicios.

Este anuncio de Luisa Estela es, en el fondo, una prueba de que en Venezuela todavía hay espacios de lucha democrática, por más pequeños que estos sean. Y de nosotros depende que no se sigan cerrando.

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