Perniciosa objetividad

Lunes, 12 de marzo de 2012

Sebastian Chaskel and Michael Bustamante, en un artículo sobre los éxitos de la política exterior Juan Manuel Santos publicado en el blog de Shannon O’Neil:

The first foreign policy priority for President Santos upon taking office was repairing relations with Colombia’s immediate neighbors. The preceding Álvaro Uribe administration repeatedly alleged Venezuelan and Ecuadorian government complicity in providing refuge to the Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) within their territory. As a result, on the day of Santos’s inauguration, Colombia’s ties with both governments remained severed. Eighteen months later, Colombia has restored formal relations with both countries. Trade and bilateral cooperation are on the rise.

Las implicaciones a lo largo del artículo son claras: la traba principal en las relaciones entre Colombia y Venezuela era Álvaro Uribe. Lo demuestra el hecho de que, con Uribe fuera del cuadro, las relaciones comenzaron a mejorar casi inmediatamente.

O quizá, si somos más generosos con los autores, podemos decir que la implicación del artículo no es que Uribe, con su personalidad polarizadora y poco conciliadora, fue el principal culpable del deterioro de la relación, pero sí que hubo cierta simetría en el grado de responsabilidad de ambos mandatarios en el rompimiento de los lazos bilaterales.

Y este argumento, hay que decir, se ha convertido en sabiduría convencional en algunos círculos.

Tomemos, sin embargo, una pequeña muestra de la realidad que choca con este argumento: noviembre de 2009. Este mes es un buen ejemplo porque representa uno de los puntos más álgidos en las relaciones bilaterales desde que Chávez ascendió al poder.

Un resumen:

El 2 de noviembre dos guardias nacionales venezolanos fueron asesinados en la frontera. En respuesta el gobierno de Venezuela -sin siquiera saber o investigar quiénes fueron los autores del crimen- cerró unilateralmente dos puentes entre los dos países, acción que constituye una clara violación de leyes internacionales.

El 4 de noviembre Venezuela anunció la movilización de 15 mil soldados a la frontera. También cerró varios pasos peatonales y amenazó con cerrar más.

El 9 de noviembre Chávez hizo un llamado público a la Fuerza Armada, a las milicias y al pueblo venezolano a “prepararse para la guerra,” llevando la crisis a un punto crítico. También ordenó la movilización de tropas que ya había anunciado cinco días antes. (Respuesta de Uribe: “Colombia no ha hecho ni hará ningún movimiento bélico contra la comunidad internacional, menos aún contra hermanas naciones latinoamericanas”).

El 19 de noviembre Venezuela voló dos puentes artesanales, cerca de Cúcuta. El argumento del presidente es que los puentes son usados por la guerrilla y el narcotráfico para entrar a Venezuela, pero el gobierno ni siquiera consultó con los colombianos antes de volarlos. (Respuesta de Colombia: “No caeremos en provocaciones y acudiremos a instancias internacionales.”)

El 1 de diciembre el presidente Chávez ordenó la expulsión de cientos de mineros colombianos que residen ilegalmente en Venezuela. Según el gobernador de Guainía, los mineros llegaron a Colombia muertos de hambre, después de haber caminado por las montañas dos o tres días, huyendo de la Guardia Nacional venezolana.

A todo esto se suma la orden de Venezuela de congelar las importaciones de Colombia, lo cual, según autoridades colombianas, resultó en la pérdida de 170 mil empleos en la frontera.

¿Quién, entonces, es el principal responsable de esta crisis? ¿Sobre quién debe recaer la mayor responsabilidad? ¿Cómo ha debido reaccionar Uribe para aplacar a sus críticos? ¿Aplaudiendo la voladura de los puentes?

Es cierto que Santos (o quizá Holguín) ha sabido manejar mejor a Chávez que Uribe. Hasta ahora ha logrado hábilmente que Chávez no ventile sus cuantiosas reservas de conflictividad con Colombia. Santos es como el padre que, valiéndose de una variedad de incentivos y herramientas psicológicas, logra que su hijo de cinco años no llore ni tire la comida al suelo durante una cena formal.

Pero los éxitos de Santos no significan que Uribe era antes la traba en la relación. Chávez siempre ha sido el problema fundamental. Sin Chávez en el cuadro no es difícil imaginar unas relaciones perfectamente normales entre ambos países (Y esto lo dice alguien que está plenamente consciente de los defectos de Uribe y no los considera nimios).

¿Qué lleva a Chaskel y a Bustamante ignorar esta realidad? Creo que el fetichismo por el centro; ese afán de muchos de mostrarse como mentes templadas y objetivas así ello implique sacrificar la verdad.

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