El fetichismo por el centro (caso venezolano)

Jueves, 1 de marzo de 2012

El fetichismo por el centro no es un fenómeno nuevo. Más aún: es una tendencia natural del ser humano tan común como la lealtad tribal. Pero Paul Krugman tiene razón en señalar la prevalencia de este fetichismo en el discurso público en Estados Unidos, sobre todo en el actual contexto electoral:

[Romney’s] strategy is clearly to portray the president as a suspect character, someone who doesn’t share American values. And since Mr. Obama has done and said nothing to justify this portrait, Mr. Romney just invents stuff to make his case.

But won’t there be some blowback? Won’t Mr. Romney pay a price for running a campaign based entirely on falsehoods? He obviously thinks not, and I’m afraid he may be right.

Oh, Mr. Romney will probably be called on some falsehoods. But, if past experience is any guide, most of the news media will feel as though their reporting must be “balanced,” which means that every time they point out that a Republican lied they have to match it with a comparable accusation against a Democrat — even if what the Democrat said was actually true or, at worst, a minor misstatement.

Simpatizo con el profesor Krugman, pero creo que se sorprendería si viera a los extremos a los que llega este fetichismo en algunos círculos cuando se discute el caso venezolano. Hay quienes, por no ser vistos como radicales o por querer ser visto como mentes templadas y racionales, no pueden escuchar una crítica a Chávez sin enseguida señalar errores de la oposición, muchas veces sugiriendo que existe cierta simetría entre la culpa que tiene la alternativa democrática y el gobierno en la crisis actual.

Algunos críticos “equilibrados” de Chávez incluso hablan de los partidos, o cualquier cosa que medio esté contaminada por la miasma puntofijista, con una virulencia que contrasta con la comprensión, apertura de mente y amplitud de espíritu con que se refieren a algunos líderes que hasta hace muy poco apoyaron a Chávez, todo en nombre de la objetividad.

Pero bueno, cada quien con su fetiche.

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