Los súbditos

Martes, 9 de febrero de 2010

Germán Carrera Damas

Germán Carrera Damas

Pese al reciente deterioro, la popularidad de Hugo Chávez en Venezuela -que después de 11 años sigue siendo extremamente alta (poco menos del 50%)- es un fenómeno difícil de entender. ¿Cómo es posible que un sujeto tan transparentemente arbitrario, autoritario, temperamental y violento reciba el apoyo de millones de venezolanos? ¿Acaso no hay un punto álgido en el que el nivel de arbitrariedad es tal que anula o al menos erosiona significativamente otros factores como la carisma o el dinero?

¿Y cómo se explica que, según sondeos regionales como el Latinobarómetro o el Iberobarómetro, Venezuela esté actualmente entre los países de la región que más valoran la democracia?

En un excelente libro de entrevistas publicado por la editorial Libros Marcados (El asedio inútil, 2009), el reputado historiador venezolano, Germán Carrera Damas, asoma una de las varias explicaciones:

Convertir un ciudadano parcial en un ciudadano integral no es una cuestión de una o dos generaciones. Toma mucho tiempo erradicar el atavismo autoritario y de subordinación que caracteriza al súbdito, que es obediente y que transmite ese comportamiento a otros. Un pueblo no puede superar en sesenta años un inconsciente colectivo formado a lo largo de cinco siglos…Una enorme proporción de la sociedad no ha adquirido la condición de ciudadano en un sentido consciente. Sigue guardando con respecto al poder, aunque sea democrático, una relación de subordinación.

Muchos venezolanos podrán decir que apoyan la democracia, y que prefieren la democracia a cualquier otra forma de gobierno, pero esta opinión -según Carrera Damas- dice poco sobre la manera como éstos ven el poder y se relacionan con él. Debajo de esa opinión, se embosca un atavismo que contradice estas supuestas “convicciones” democráticas.

¿Y en qué consiste este atavismo? Llevado al extremo, en ver como normal un presidente cuyo poder no tiene barreras o límites, o tiene muy pocos. En ver el poder no como algo que se ejerce con mesura, respetando siempre los límites de las leyes, sino como algo que se utiliza para de verdad mandar, como mandan los generales o los reyes. En aceptar la autoridad del presidente como un niño acepta la autoridad de su padre, sin cuestionarla, sin buscar explicaciones o justificaciones a sus órdenes o acciones, asumiendo como algo “natural” la desigual dinámica de la relación.

Sigue Carrera Damas:

Todavía hay un enorme sector de la sociedad al que basta que le hagan una seña para que se le active el atavismo de súbdito. Es lo que vemos en la televisión cuando personas muy respetables, que protestan porque no les han pagado, terminan con la frase: “El presidente debería saberlo.” ¿Quién es el presidente? El monarca. ¿Cuál es la actitud? De súbdito suplicante ante el monarca. ¿Reclama derechos? No. Si reclamara derechos no se dirigiría al presidente. Se supone que el presidente no puede intervenir en el funcionamiento de la estructura del Estado. Todavía no han sido capaces de disociar el Gobierno, el Estado y el presidente.

Desde luego, éste no es el único factor que ayuda a explicar la popularidad de Chávez. Pero es uno importante.

Otro texto del autor:

  • Lea la reciente Tribuna sobre la influencia de Hugo Chávez en América Latina.
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One thought on “Los súbditos

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