La rebeldía de Lina Ron

Jueves, 6 de agosto de 2009

En realidad Hugo Chávez no desaprueba los ataques violentos de Lina Ron y La Piedrita. Así como ahora se pronunció en contra del ataque a Globovisión (en el que probablemente participaron miembros de La Piedrita), muchas veces ha avalado con su silencio (si no promovido y ordenado) las acciones violentas perpetradas por sus seguidores. A Chávez no lo molestan los ataques violentos en sí, sino el timing de estas acciones, que él decide arbitrariamente si es bueno o malo.

Esta arbitrariedad con que el presidente aprueba o condena estos actos no es nueva y ya ha sido señalada por muchos. Un tema menos discutido es la manera cómo Lina Ron, Valentín Santana y muchos otros supuestos rebeldes se someten a los aletazos de humor del presidente. Si Chávez decide avalar con su silencio un ataque, ellos se enorgullecen de su pequeño aporte a la revolución. Si Chávez decide que el ataque “le da armas al adversario,” ellos aceptan cabizbajos el regaño e incluso se presentan ante los tribunales para ser castigados.

A Lina Ron le gusta definirse como una revolucionaria rebelde, radical, guerrera, que está dispuesta a morir por sus ideales. Pero debajo de ese dura expresión, debajo de esas camisas del Che Guevara y del discurso altisonante, se embosca un espíritu sumiso y sumamente conservador, que se somete a la voluntad del presidente como otros se someten a la autoridad de los reyes o los Papas.

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