¿La pregunta equivocada?

Martes, 15 de mayo de 2012

Cada me convenzo más de que, en Venezuela, se ha sobrestimado el poder de la estrategia de no confrontación de Capriles. Nunca estuve seguro que esa fuese la verdadera razón de su victoria en las primarias y ahora lo estoy menos.

No que prefiera un discurso estridente y polarizador, porque ese no es el caso y muchas veces he criticado este tipo de discurso. Mi punto es que la no confrontación es sobrestimada como estrategia para ganar votos. Pasa lo que pasa con el crimen. Que más del 60 por ciento de los venezolanos diga que la inseguridad es el problema que más lo preocupa no significa que el crimen va a ser un factor fundamental para determinar su voto. De hecho, el crimen evidentemente no tiene un gran peso electoral.

Igualmente, si un candidato confronta o no confronta tampoco importa mucho. En todas las encuestas la población rechaza mayoritariamente el discurso de confrontación. Este último sondeo de Datanálisis, que dice que 82,6% rechaza la polarización, no es una excepción. Sin embargo, Chávez sigue siendo popular adoptando una estrategia radicalmente polarizadora rechazada por la misma gente que lo apoya.

¿Por qué esto importa?

Leopoldo López invirtió buena parte de su campaña enfocándose obsesivamente en el tema del crimen, claramente sobrestimando el potencial electoral de este tema. Quizá tenía razón en enfatizar la violencia, pero con eso no convenció a casi nadie de que él era la mejor opción.

Quizá pensar tanto en términos de confrontar o no confrontar es una pérdida de tiempo y la pregunta que merece más atención es cómo desarticular efectivamente la estrategia electoral del gobierno de ganar votos a través de un gasto masivo; cómo buscar enfoques creativos para ganar esta guerra asimétrica.

Concentrar mayores recursos en esta pregunta (que no necesariamente requiere cambiar un ápice el tono del discurso) podría resultar en una estrategia más matizada, pragmática y efectiva.

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