La Argentina de Naipaul

Jueves, 12 de abril de 2012

Hay renombrados periodistas que son diligentes y rigurosos recabando información, y que luego, con admirable destreza y artesanía, hilvanan elegantes reportajes.

Sin embargo, estos reportajes a veces parecen sólo eso: sofisticadas operaciones de recolección de observaciones y datos ya conocidos transformados en hermosas narrativas.  Aparte de poner todo el material disponible en un solo lugar, y organizarlo con maestría artesanal, no ofrecen mucho.

Por eso yo prefiero a Naipaul que a Jon Lee Anderson, a Ian Buruma que a Alma Guillermoprieto. No porque Jon Lee Anderson y Alma Guillermoprieto sean meros juntadores de datos, porque claramente no lo son; ambos son periodistas de lujo. Sino porque en la agudeza y sutileza de sus observaciones, el alcance y la amplitud histórica de sus miradas, la novedad y originalidad de sus análisis, los reportajes y ensayos de Naipaul y Buruma están en otra liga.  Leo un reportaje de Jon Lee Anderson sobre Chávez o García Márquez y luego lo archivo como un excelente compendio de datos y observaciones que ya conocía. Ocurre algo muy distinto cuando leo los reportajes de Naipaul sobre Argentina.

Fijense, por ejemplo, en esta observación de El retorno de Eva Perón. Naipaul habla sobre la convulsa Argentina de principios de los setenta:

A spectacular win of some 330 million pesos by a Paraguayan laborer dissipated a political crisis in mid-April. There had been riots in Mendoza, and the army had been put to flight. Then, in the following week, a guerrilla group in Buenos Aires killed the Fiat manager whom they had kidnapped ten days earlier. On the same day, in the nearby industrial town of Rosario, guerrillas ambushed and killed General Sámchez, commander of the Second Army Corps, who had some reputation as a torturer. Blood called for blood: there were elements in the armed forces that wanted then to break off the negotiations with Perón and scotch the elections promised next year. But the Paraguayan’s fortune lightened all conversation, revived optimism and calmed nerves. The little crisis passed.

O fíjense cómo se da cuenta del carácter súbdito del pensamiento revolucionario tercermundista, no muy distinto al de las elites americanizadas que, patéticamante, admiran e imitan las peores costumbres y hábitos de los estadounidenses:

The guerrillas look for their inspiration to the north. From Paris of 1968 there is the dream of students and workers uniting to defeat the enemies of “the people.” The guerrillas have simplified the problems of Argentina. Like the campus and salon revolutionaries of the north, they have identified the enemy: the police. And so the social-intellectual diversions of the north are transformed, in the less intellectually stable south, into horrible reality. Dozens of policemen have been killed. And the police reply to terror with terror. They, too, kidnap and kill.

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