Historia circular

Martes, 22 de septiembre de 2009.

01-mg__3339Leyendo la novela El pasajero de Truman del venezolano Francisco Suniaga, me tropecé con este párrafo:

Recuerdo que [Cipriano] Castro había adoptado, por aquellos primeros tiempos de su mandato, un uniforme de trabajo bastante curioso, una chamarra de lino crudo parecida al uniforme de verano del zar Nicolás de Rusia. Cuando tenía reuniones políticas con sus partidarios, completaba ese atuendo enrollándose en el cuellos un pañuelo amarillo, el color de la bandera restauradora. Era asombroso ver entonces cómo los castristas, civiles y militares, lucían ese atuendo, en abierta competencia para ver quién se ponía la chamarra más rusa o el pañuelo más amarillo y se parecía más al jefe. En octubre de 1903, unos meses después de la humillación a la que nos habían sometido las flotas de Alemania e Inglaterra, asistí a un evento convocado en Miraflores para celebrar el aniversario de la Revolución Restauradora. Y desde la entrada al palacio hasta el salón del acto se encontraba usted con aquella comparsa de funcionarios y caudillos de provincia ataviados con chamarras zaristas y pañuelos amarillos enrollados en el cuello, iguales al general, uniformados como unos pendejos. Por situaciones como esa, combinadas con el discurso heróico y lleno de floripondios del general Castro, su gobierno tuvo para mí una pátina ridícula que, dicho sea de paso, todas las dictaduras parecieran necesitar.

Por supuesto, es difícil leer este párrafo sin pensar en el uniforme de camisa roja de la revolución bolivariana, utilizado por funcionarios chavistas de diverso rango, desde ministros a concejales. Someramente, Suniaga nos recuerda que los pendejos, los cuidapuestos y los aduladores no son productos de una determinada época o coyuntura histórica. Como las historias de amor, son eternos y universales.

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