El caso de Calixto

Viernes, 1 de julio de 2011

Calixto Ortega

¿Hasta dónde las circunstancias pueden corromper a un hombre? ¿Hay chavistas cuya predisposición hacia la maldad es tan débil que en otros país, con una cultura democrática más sólida e instituciones más fuertes, hubiesen sido ciudadanos relativamente decentes? ¿Es difícil, por ejemplo, imaginarse a Calixto Ortega cayendo tan bajo como ha caído si en vez de Venezuela le hubiese tocado legislar en el parlamento inglés, donde las instituciones seguramente hubiesen embridado sus peores instintos -instintos, por lo demás, que no son peores que los de cualquier ciudadano promedio?

Esto es una de las tragedias de Venezuela y de los muchos otros países que han sufrido o sufren régimenes autoritarios. Gente relativamente decente que las circunstancias vuelven indecentes y muchas veces hasta corruptos y delincuentes.

Y no habló de los Tarek El Aissami o los Freddy Bernal o los José Vicente Rángel. Hablo de gente como Calixto Ortega. Gente menos mala que moralmente débil e insegura; menos oportunista y arribista que dependiente y sumisa.

En otro país, bajo otras circunstancias, Calixto ha podido llevar un vida relativamente digna y honesta. Pero en el mundo en el que se desenvuelve, que tiene sus propios códigos y normas, sus propios perversos incentivos, sus propios castigos y retorcidos mecanismos de ascenso, Calixto se ha desplazado, ha sido desplazado, al extremo opuesto de la decencia.

Más tarde:

  • Mi comentario sobre el discurso de Hugo Chávez admitiendo que tiene cáncer.
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