Derecha, izquierda, nini

Sábado, 14 de enero de 2011

¿Quién es el mejor candidato de la oposición para confrontar a Hugo Chávez?

Boris Muñoz interroga a Teodoro Petkoff sobre este tema:

Cuando le pregunto quién representa mejor la unidad que él avizora, dice que es Pablo Pérez, actual gobernador del Zulia y precandidato por los partidos de la socialdemocracia, Un Nuevo Tiempo, y el histórico Acción Democrática, a quien Petkoff ve como de centro izquierda. “La lucha es por cinco o seis puntos electorales que separan a Chávez del candidato de la oposición. Ese candidato no puede ser de derecha o centro derecha, porque es más difícil que los indecisos le nieguen el respaldo a Chávez por alguien de derecha.”

Como argumento, recuerda la transición de Chile de la dictadura de Pinochet a la democracia, a principios de 1990. “Ricardo Lagos había forjado la Concertación —alianza de los partidos socialistas con los democratacristianos—, pero que, personificando a la izquierda, no podía ser su candidato. Tuvo que cederle la oportunidad a los democristianos que estaban más a la derecha. Si Pablo Pérez no es el candidato este país está jodido”.

Petkoff tiene razón en su argumento sobre los indecisos. La capacidad y el potencial de atraerlos es un factor sumamente importante.

Pero no creo que en las diferencias ideológicas que Petkoff ve entre Pérez (izquierda) y Capriles (derecha) está la clave fundamental para atraer al voto nini. Eso implicaría que, en comparación a Pérez, Capriles no tiene capacidad para atraer a los nini. No he visto ninguna encuesta que apunte hacia eso.

Dicho esto, me sorprendería que la posición de Petkoff a favor de Pérez no fuese más compleja de lo que el reportaje de Muñoz deja entrever.

Para mí no hay duda, por ejemplo, que una ventaja de Pablo Pérez sobre Capriles es que éste parece menos interesado que aquél en trabajar con sus actuales adversarios y aprovechar al máximo sus fortalezas después de las primarias.

Al mismo tiempo, creo que al final del día el peso de la realidad se va a imponer, forzando a cualquier candidato que gane a limar asperezas y absorber los recursos y el potencial de todos los partidos, de derecha e izquierda, viejos y nuevos.

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