Tú sabes como es Venezuela

Miércoles, 6 de febrero de 2013

Resulta que Victor González, apodado “el maracucho,” le dio hace un tiempo una entrevista a El Universal en la que criticó duramente al oficialismo por la politización y corrupción que ha permeado los Consejos Comunales.

González es miembro de un CC en La Pastora y se recibió de abogado en la Universidad Bolivariana, pero dice que no es opositor ni chavista. Como abogado me corresponde ser “objetivo,” me dice.

En fin, salió publicada la entrevista y el día siguiente recibió una visita de los Tupamaros, cuestionándolo por su comportamiento antirrevolucionario. Pero, cuando González llevó a los Tupamaros a ver la obras inconclusas y les presentó otras pruebas de la corrupción en los CC éstos le dieron la razón y se marcharon. Obviamente, visitaron a González por iniciativa propia, no por órdenes de un funcionario de gobierno.

¿Cómo González logró convencer tan fácilmente a los Tupamaros?

Ésta es la parte más divertida del cuento.

González me cuenta lo que todos sabemos. Pocos respetan los mecanismo de control y fiscalización de los CC. Por ejemplo, la ley estipula que cuando se le otorgan unos recursos a un CC para una obra el dinero debe ser depositado en un banco de la comunidad, lo cual, en teoría, facilita las labores de fiscalización. Pero esto nunca ocurre. Normalmente, violando todos los procedimiento legales, el funcionario de gobierno con acceso a los recursos, un par de voceros del CC y la empresa escogida para ejecutar la obra, montan la operación entre ellos tras bastidores. El resultado de esta falta de transparencia es el esperado: corrupción, desperdicio, obras inconclusas, etc.

El maracucho a cada rato suelta cifras exactas sobre los recursos que se le asignaron a una obra que nunca se hizo o que nunca se terminó. Le pregunto de dónde saca estas cifras si hay tanta opacidad.

“Muchas veces de las vallas,” me dice. Normalmente, en el lugar donde se va a ejecutar una obra, se pone una valla inmensa con información sobre la obra: qué entidad gubernamental otorgó los recursos, el monto de los recursos, descripción de la obra, número de contrato, el ingeniero de la obra, etc.

Ahora bien, ¿se puede pedir una mejor prueba de corrupción? ¿Una valla que anuncia, por ejemplo, la remodelación de un ambulatorio por un monto específico en el mismo lugar donde yace el ambulatorio sin remodelar?

Le hago estas preguntas al maracucho y se ríe: “No te lo estoy diciendo, papá. La cosa está clarita, a la vista de todo el mundo.”

Pero ¿por qué, si se irrespetan todos los procedimientos legales para ejecutar una obra, los involucrados respetan la ley que los obliga a montar la valla ? ¿No sería mejor irrespetar también esa ley para que el chanchullo no sea tan obvio? ¿Por qué respetan esa ley cuando violan flagrantemente todas las otras?

El maracucho se queda callado unos segundos, como si esa pregunta jamás le hubiese cruzado la mente. Luego suelta: “Hermano, tú sabes como es Venezuela.”

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