Suspension of disbelief

Jueves, 8 de marzo de 2012

Teodoro Petkoff comenta los 85 años de García Márquez:

Una larga vida, que dejará una herencia literaria sin par, una maravilla para los sentidos. No es nuestra intención, sin embargo, abundar en consideraciones sobre su obra ­la más local y, al mismo tiempo, la más universal que se haya escrito en América y que lo ha consagrado como uno de los más grandes escritores del mundo en el siglo XX.

Tampoco vamos a entrar en el Gabo que hace política, uno de los más controversiales de sus pasos por la vida; apenas si recordar el formidable espaldarazo que dio al MAS, en los tiempos promisorios de este partido, al donarle el monto completo del Premio Rómulo Gallegos, que había ganado en 1972. Hay otro Gabo, más íntimo, más cercano; el Gabo que sigue con amistoso interés el desenvolvimiento de Tal Cual; el Gabo que en uno de nuestros cumpleaños nos hizo el inmenso honor de donarnos un cuento suyo, inédito hasta entonces, para publicarlo como material central en la edición aniversaria. Fue su manera de decir que nos quería y que confiaba en nosotros.

“Apenas si.” Espero que estas dos palabritas sean un descuido o una torpeza, pero Petkoff, a quien admiro y he defendido muchas veces en estas páginas, pareciera con esa anécdota del Rómulo Gallegos (y el tono general de su comentario) desplazar al margen de lo trivial y no-digno-de-resaltar el extenso catálogo de episodios que pintan a un García Márquez política y éticamente cuestionable, por decir lo menos.

O para decirlo de otra manera: en el homenaje de Petkoff, donde la admiración literaria claramente se deborda al terreno de la actividad política (“formidable espaldarazo,” “amistoso interés en Tal Cual,” etc), esta anécdota relativamente insignificante del apoyo al MAS pareciera anular al menos una docena de episodios mucho más relevantes a la hora de juzgar el quehacer político del gran novelista, como por ejemplo el vergonzoso silencio y la aquiescencia de García Márquez, producto del autoengaño o la cobardía o la falta de ética política o el fetichismo por los hombre fuertes (da lo mismo), frente a la decisión de Fidel Castro de ejecutar al íntimo amigo del “Gabo,” Tony de la Guardia.

He estado releyendo el deslumbrante ensayo de Enrique Krauze sobre García Márquez, una rara y rigurosa mirada crítica a la obra y vida del premio Nobel colombiano. En estos días de excesos líricos y declaraciones aguadas y sentimentales sobre el autor de Cien años de soledad, recomiendo su lectura.

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