Rompiendo el espejo

Jueves, 4 de marzo de 2010

Francisco Ameliach

Francisco Ameliach

En unas declaraciones que dio en agosto de 2007, el diputado oficialista Francisco Ameliach asomó la posibilidad de postergar la creación del PSUV y “desempolvar” el Movimiento Quinta República (partido que ya había aceptado diluirse en el PSUV) para no perjudicar la selección de candidatos oficialistas para las elecciones regionales de finales de 2008.

La ley electoral, recordó entonces Ameliach, establece que un partido sólo puede postular candidatos si éste adquiere status legal seis meses antes de las elecciones. Y añadió: “No se puede supeditar a un cronograma electoral la construcción del partido socialista.”

Este comentario, acompañado de una carta firmada por 150 parlamentarios respaldando el argumento de la postergación, le salió muy caro a Ameliach.

Pocos días después el presidente Chávez anunció que un dirigente oficialista había sido sometido a un tribunal disciplinario ad hoc, presidido por Diosdado Cabello.

“He pasado a Consejo Disciplinario a un dirigente nacional que aspira a ser del partido por andar hablando pistoladas. El pensamiento crítico es fundamental para una revolución, pero eso es una cosa muy distinta a andar hablando mal del partido que no ha nacido, recogiendo firmas para presentarlas no sé dónde. El que quiera ser un anarquista váyase de aquí, no lo queremos.”

Aunque Chávez no mencionó a Ameliach por nombre, obviamente se refería a él, pues a los pocos días el diputado fue removido de la Comisión de Defensa del Parlamento y sometido, como anunció el presidente, a una investigación del recién creado tribunal disciplinario. Luego se anunció que Ameliach abandonaría la coordinación del Bloque Socialista en el Parlamento. Algunos dijeron que había renunciado a su cargo. Otros dijeron que lo habían echado por sus “impertinentes” declaraciones. Una versión no excluye la otra.

Ameliach desapareció por casi una semana y luego reapareció para dar unas perrunas declaraciones que varios columnistas compararon con la célebre autocrítica del poeta cubano Herberto Padilla a principio de los setenta.

Ameliach dijo confusamente que no existía una carta firmada por alrededor de 150 diputados, “sino un borrador que recoge las opiniones de los diputados y que yo envié al Presidente para que tomara acciones y analizara las sugerencias.”

Añadió que las declaraciones en las que asomaba la posibilidad de revivir el MVR habían sido un error, porque había generado confusión entre los militantes del PSUV.

“El único líder es Hugo Chávez,” apuntó. “Es imposible una revolución sin Chávez…las directrices del PSUV son una sola: las del Presidente.”

El martes recordé esta pequeña anécdota cuando leí unas declaraciones que dio Ameliach en el Congreso.

Refiriéndose a la renuncia del PSUV de Henri Falcón, Ameliach dijo: “Nos hemos cambiado la línea respecto al caso Falcón. No pertenece al proceso. Traicionó los principios de la revolución y del Plan Bolívar. Pediremos explicaciones sobre su admisión en Patria Para Todos, porque estamos seguros de que persigue un proyecto personal apoyado por la oposición.”

Ameliach no le perdona a Falcón que hizo lo que él, con su tamañote, no tuvo el coraje ni la gallardía de hacer.

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