La llaneza de la maldad

Sábado, 15 de septiembre de 2012

Gracias a Vasco Szinetar, llego a este artículo de Camilo Pino criticando amistosamente a Federico Vegas por utilizar una parábola de Kafka para hablar del caso de los directores de Econoinvest:

La cárcel de los directivos de Econoinvest no tiene nada de kafkiana. Ésa cárcel no es otra cosa que una injusticia; una simple y vulgar injusticia. Los directivos de Econoinvest están presos, primero, porque el gobierno necesitaba un chivo expiatorio para justificar las devastadoras consecuencias de su política cambiaria y segundo, porque los oficiales encargados del caso defalcaron a la compañía y ahora son cómplices de un crimen que quedaría en evidencia si la verdad sale. Allí no hay equívoco, ni absurdo ni un sistema avasallador con una lógica implacable; allí no hay un ápice de belleza oscura.

Pino tiene razón. Y debo decir que, con frecuencia, los que leemos muchas novelas tratamos de encontrar complejidad y profundidad donde no la hay. Como escribe Philip Roth en I married a communist, refiriéndose a Bryden Grant, un pillo cercano a Nixon miembro del ignominioso Comité de Actividades Antiestadounidenses…

In the name of reason, you search for some higher motive, you look for some deeper meaning -it was still my wont in those days to try to be reasonable about the unreasonable and to look for complexity in the simple things I would make demands upon my intelligence were none were really necessary. I would think, He cannot be as petty and vapid as he seems. That can’t be more than one-tenth of the story. There must be more to him than that.

Pero no. A veces las cosas son tan simples como aparentan ser.

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