Indignada

Miércoles, 22 de junio de 2011

Autora: Mirtha Rivero

Nota: Mirtha está publicando una columna en el suplemento Día D de 2001 que no está disponible en Internet (aunque ahora también la publica Prodavinci). Como somos buenos amigos, le propuse montarla en este blog. Lo aclaro porque nunca lo expliqué y varios lectores han indagado al respecto.

Elías Eljuri

Hace una semana conocí el resultado de la “Cuarta encuesta nacional de presupuestos familiares,” realizada por el Banco Central de Venezuela, el Instituto Nacional de Estadística, y otras instituciones… y estoy ¡indignada!

Primero, por lo obvio: la encuesta –difundida a comienzos de mes- dice que 96 % de la población realiza tres o más comidas al día… Y yo me pregunto: ¿cómo? Porque si me atengo a las noticias de desempleo y desabastecimiento, y a la cifra de inflación, que el propio Elías Eljuri, presidente del INE, reconoce como la más alta de América Latina, no encuentro cómo el venezolano promedio o de estratos bajos puede cumplir con los tres golpes diarios. A menos que, como cuenta Olivia –maestra en el oeste de Caracas- los encuestadores tomen como desayuno el guarapo y la galleta que muchos niños toman en la mañana, o el tetero de café instantáneo que le dan a algunos bebés –como me confesó un médico de Petare-; y de almuerzo, al PAE –Plan de Alimentación Escolar- que comen “desesperados” –palabra de la maestra- los alumnos del turno de la tarde que llegan al aula sin comer, y que consiste en cachito, o quesadilla, o acemita o arepa con queso (en el mejor caso), acompañado de avena o jugo.

Mi molestia crece cuando en el capítulo sobre el consumo de productos durante el último mes, leo que 94 % come carne; 75 %, pescado y 91% toma leche. ¿Se referirán a que se ingirió carne, pescado o leche por lo menos una vez en el último mes? ¿Cuenta una lata de sardinas o una empanada de pellejo cada treinta días? Yo acepto que el pollo pueda ser lo que más se coma, porque es casi la única proteína animal que se consigue en los abastos, pero ¿carne?… O es mentira que la gente se la pasa zanqueando la información de dónde llegó el bistec, para comprar lo que sea (pulpa, lagarto, chocozuela) porque no hay que andar con exquisiteces. Si es que hace poco anunciaron que comenzó a racionarse: en los supermercados el límite va de tres a cinco kilos per cápita; pero en mercados, como el de Quinta Crespo, venden un kilo de carne por cliente.

Y en relación al pescado: quién acepta que tres cuartas partes de los venezolanos lo consuman normalmente. Con las carreteras cayéndose por todos lados: ¿cómo llega pescado a Mérida, por ejemplo?

¿Y lo de la leche? Que hay que perseguirla. Y el eufemismo de que ahora se opta por comer más sano y se lleva la vianda al trabajo (87% come en casa). Aquí, solo puedo repetir la opinión de Trini:

-Lo que me llama la atención es la manera que tienen para convertir en logro la falta de consumo en la calle, como si la decisión de no gastar en restaurantes fuera por convicción nutricional y no por falta de real. Un almuerzo en un sitio barato del centro cuesta en promedio cuarenta bolívares diarios; y el bono alimentario, el mayor, es de treinta y cinco. Es el bolsillo y no el comer “sano” lo que está determinando los nuevos hábitos que enorgullecen a nuestras autoridades.

Ojo: y no hablé de masa corporal, ni del supuesto 80% que no toma alcohol, ni de que la encuesta fue hecha entre 2008 y 2009.

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