El animador de Elorza

Miércoles, 18 de julio de 2012

En su más reciente columna Milagros Socorro cuenta algo impelable que dijo Chávez sobre Uslar (suscripción):

Partiendo de las palabras de Chávez, lo visitó al salir de prisión (marzo de 1994), después de que Uslar había enviudado (cosa que ocurrió en 1996), y hablaron “largo, largo”. Tanto, que el agudo animador de las fiestas patronales de Elorza detectó que Uslar era buen conversador, muy inteligente, nacionalista y hombre que amó a Venezuela. “Porque solo quien ame un país como él lo amó”, sentenció Chávez, “pudo haber escrito Cantaclaro“… obra de Rómulo Gallegos, que, por otra parte, no evidencia más afectividad con el país de la que pueda rezumar la obra literaria de cualquier autor en cualquier latitud.

Esta anécdota no es una simple anécdota; ilustra una importante faceta de la personalidad del presidente que ya he abordado antes, desde otros puntos de vista.

Y es como Chávez, consistentemente, utiliza personajes, historias, encuentros y básicamente cualquier cosa como pantalla para proyectar sus fantasías. Y con fantasías me refiero a lo que el presidente quiere que sea el mundo. Chávez le achata las esquinas a la realidad, y a veces hasta la transforma completamente, para que encaje con esta aspiración. En el mundo de Chávez el deseo y la aspiración muchas veces se confunden con la realidad.

Cantaclaro no refleja lo que Chávez dice que refleja, pero él quiere desesperadamente que refleje “ese amor por la patria” porque para él hay pocas cosas tan admirables como la pasión por Venezuela. Una vez que decide respetar a Uslar, Chávez distorsiona Cantaclaro de Gallegos (que él piensa que es de Uslar) para que encaje con lo que a él le gustaría que fuese la obra de acorde a su visión ideal del mundo.

¿Suena familiar? ¿Alguien modificando la realidad para amoldarla a lo que él quiere que ésta sea? ¿Un hombre que transforma los molinos de viento en gigantes porque en su mundo ideal un caballero andante necesita desafiantes y peligrosos enemigos?

Cada vez que releo capítulos de Don Quijote, me sorprende ver cuánto ilumina este libro sobre la personalidad de Chávez. Hay diferencias, claro. Chávez tiene una malicia que no tiene Don Quijote.

Pero la similitudes son obvias.

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