Dos tipos de caos

Miércoles, 16 de enero de 2012

De la novela “Esta gente” de Francisco Suniaga:

Las calles céntricas de Porlamar siempre fueron caóticas, ruidosas y hasta descuidadas, aunque había algo de plasticidad en el tumulto de otrora. Mirado en retrospectiva, el de antes era un caos que anunciaba una esperanza, o quien sabe, era una proyección; cada espacio margariteño, natural o humano, era un escenario de subjetividad hipertrofiada, pensó. Asimismo, creía que el caos de ahora tenía visos de derrumbe normativo, de un abandono total de las cosas, un desorden que le producía una sensación de pérdida casi física.

Derrumbe normativo. He pensado eso cuando visito Caracas. Mi mente automáticamente vincula el deterioro físico de la ciudad al derrumbe normativo. Edificios de clase media que se han deteriorado hasta parecer casi ranchos; viejas antenas parabólicas de las que brotan retoños verdes que parecen ir carcomiendo, como moho, la anacrónica estructura de metal; semáforos de adorno a los que ya nadie presta atención; ramas de árboles desbordándose hacia las avenidas casi tocando los techos de los carros; o pedazos de calle levantados por raíces como si la selva le estuviese ganándole la batalla a la civilización. Todo eso se me enreda en la mente con la situación política.

¿Proyección? Por supuesto. Pero no una que esté totalmente desvinculada de la realidad.

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