Dos talentos

Lunes, 4 de marzo de 2013

Bob Woodward, el legendario reportero detrás de Watergate, lleva un tiempo haciendo el ridículo con sus artículos de opinión y en sus incursiones como analista.

¿Cómo es posible que este reputado periodista publique a cada rato artículos cuyos argumentos casi inmediatamente son hechos añicos por otros comentadores y analistas?

Jon Chait responde a esta pregunta:

To reconcile Woodward’s journalistic reputation with the weird pettiness of his current role, one has to grasp the distinction between his abilities as a reporter and his abilities as an analyst. Woodward was, and remains, an elite gatherer of facts. But anybody who has seen him commit acts of political commentary on television has witnessed a painful spectacle. As an analyst, Woodward is a particular kind of awful — a Georgetown Wise Man reliably and almost invariably mouthing the conventional wisdom of the Washington Establishment.

Ya he dicho antes que muchos confunden el talento de juntador de datos con el talento de pensar. Hay gente muy buena transformando en hermosas narrativas sofisticadas operaciones de recolección de datos. Pero leer estas narrativas muchas veces no aporta casi nada a nuestra comprensión de una situación o una realidad. A veces, más bien, estos relatos logran lo contrario.

Sin embargo, la elegancia de la prosa, el prestigio del reportero o el innegable esfuerzo que llevó enhebrar estos reportajes, lleva a la gente a sobrestimar las habilidades del reportero como pensador, analista o intérprete de una realidad. Entonces la gente siente una especial obligación a creer lo que dice, como ocurre con Woodward.

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