Ciudadanos de segunda

Viernes, 2 de abril de 2010

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Oswaldo Álvarez Paz

La hipocresía del gobierno de Hugo Chávez es tan común que ya pocos se molestan en denunciarla. A cada rato, por ejemplo, Chávez acusa a la oposición de golpista, como si él mismo no hubiese sido conspirador buena parte de su vida y como si él mismo no hubiese liderado un golpe de Estado en el 92.

La semana pasada, con las detenciones arbitrarias de tres notorios opositores del gobierno, la hipocresía alcanzó niveles récord.

A Oswaldo Álvarez Paz, ex gobernador de Zulia, se le acusa de hacer graves acusaciones contra el jefe de Estado sin presentar pruebas, pero Chávez ha hecho eso en cadena nacional una y otra y otra vez.

El presidente de Globovisión, Guillermo Zuloaga, fue brevemente detenido por decir en la reunión semestral de SIP que Chávez había ordenado disparar contra la marcha durante el golpe de abril de 2002 (una acusación con cierto fundamento). Pero Francisco Arias Cárdenas, que hizo acusaciones muchos más graves contra Chávez sobre los sucesos de ese mismo día, pero luego decidió volver al redil revolucionario, nunca fue detenido y es ahora vicecanciller para América Latina y el Caribe.

Y a Wilmer Azuaje, diputado de Barinas, el Tribunal Supremo (brazo judicial del gobierno) le acaba de remover su inmunidad por una supuesta agresión a una funcionaria policial. Pero la diputada oficialista Iris Valera, que fue filmada golpeando al periodista Gustavo Azócar (ahora preso político), sigue gozando de su inmunidad parlamentaria por una simple razón: su espíritu rebelde se transforma en la más perruna docilidad a la hora de juzgar las acciones del presidente.

La hipocresía es a veces resultado de pereza intelectual o de cierta incapacidad para desafiar ideas prestablecidas o domar las emociones con la razón. Pero llevada al extremo la palabra es un simple sinónimo de discriminación.

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