5 razones para votar

Viernes, 24 de septiembre de 2010

Una vez más, en vista de las elecciones del domingo, insisto con estos argumentos para ir a votar. Si ya leyó el artículo, y está de acuerdo con los argumentos, entonces divúlguelo.

¿Para qué votar si Hugo Chávez luego va a desconocer los resultados? ¿No fue eso lo que hizo con la reforma constitucional? ¿No fue lo que hizo con la Alcaldía de Caracas, a la que despojó de recursos y superpuso una autoridad elegida por su dedo? ¿No fue lo que hizo con las gobernaciones de Miranda y Táchira, y con la alcaldía de Sucre, también despojadas de recursos y competencias? ¿Para qué jugar a que existe la democracia? ¿Por qué votar, además, por una oposición que es igual de mala que Chávez? ¿Por qué votar por una oposición que se opone pero no propone?

Desde 2006 vengo diciendo que estos argumentos para no votar son débiles, pero me asombra que, siendo tan débiles, sigan circulando por Venezuela. A continuación, cinco razones para ir a votar el próximo 26 de septiembre:

I. No se debe olvidar el objetivo final.

Las posibilidades de que Chávez haga con una Asamblea Nacional opositora lo que hizo con la Alcaldía de Caracas son altas. Si la oposición gana, es probable que el gobierno se las ingenie para marginar a los diputados de la AN o disminuir sus poderes.

En esto todo el mundo está de acuerdo.

Sin embargo, el objetivo del 26 de septiembre no es reinstaurar una plena democracia en Venezuela. El objetivo es utilizar todos los resquicios democráticos que nos quedan para frenar, obstaculizar y revertir donde se pueda el proyecto totalitario de Chávez. El objetivo final es 2012. Hacer todo lo posible para defender y reconquistar espacios democráticos sin los cuales va a ser difícil presionar a Chávez para que acepte un resultado adverso en las elecciones presidenciales dentro de dos años.

Votando en las elecciones no vamos a restablecer la democracia en Venezuela. Votando vamos simplemente a poner una traba en la ambiciones monárquicas del presidente. Las elecciones legislativas pueden ser vistas como un fin en sí mismo, pero, más importante aún, deben ser vistas como parte de un proceso; parte de un proyecto de transición pacífica en el 2012.

Lo ocurrido con las gobernaciones y alcaldías opositoras no debilitan sino más bien refuerzan este argumento. ¿Qué hubiese sido mejor para las ambiciones Chávez? ¿Tener a títeres del PSUV en las gobernaciones de Miranda, Carabobo, Nueva Esparta y Táchira, o tener a opositores gobernando en esos estados, así sea con poderes disminuidos? ¿Acaso Ocariz en el municipio Sucre y Capriles en el estado Miranda le han facilitado los planes de concentración de poder de Chávez? Creo que la respuesta es obvia.

II. No hay mejor alternativa.

Entre el promotor del voto y el abstencionista hay similitudes importantes. Ambos piensan que Chávez es capaz de desconocer los resultados y ambos piensan que el gobierno se vale de cualquier trampa disponible antes del voto (ventajismo, intimidación, discriminación, uso ilegal de recursos públicos, gerrymandering, etc) para desnivelar a su favor el terreno electoral.

En esto no hay ningún desacuerdo.

La diferencia está en qué hacer para lidiar con esta situación.

Si no se vota, existen dos alternativas. Una es la abstención, pero ya probamos esta estrategia en las pasadas legislativas y conocemos el resultado. Otra es tomar las armas y derrocar a la fuerza al gobierno, pero esta opción es rechazada por la mayoría de los que nos oponemos a Chávez.
Esto nos deja con la opción electoral.

Los abstencionistas que proponen un escenario de huelgas, marchas y movilizaciones deben admitir que no hay mejor incentivo para una “gran” movilización que unas elecciones robadas (sean éstas o las próximas). E incluso la minoría radical que piensa que a Chávez hay que sacarlo a la fuerza debe aceptar que deslegitimar a Chávez con el voto no afecta su causa.

Votar, pues, es por descarte la mejor opción.

III. La democracia es escoger.

Muchas personas -en Venezuela y en el mundo- no parecen comprender que en las elecciones muchas veces se elige no al candidato ideal, sino a la mejor opción, que con frecuencia es el menos malo.

Con la abstención no se logra nada porque, votemos o no votemos, alguna de las opciones va a ganar y luego gobernar o (en el caso de la AN) controlar y legislar.

La abstención nunca cambia esta realidad. Así decidamos no votar, como gesto de rechazo a todas las opciones disponibles, uno de los contrincantes va a ganar. ¿Por qué no entonces escoger al mejor o al menos malo?

Cuando el Nini decide no apoyar a nadie, en el fondo está apoyando al statu quo. Porque, no tomando partido, beneficia más al gobierno que a la oposición. En este punto las encuestas son muy claras: obligados a votar, la amplia mayoría de los Nini votaría por la oposición.

Si piensa que la oposición es al menos un poquitito mejor que el oficialismo, entonces vote por los candidatos opositores.

IV. La oposición no es homogénea.

Los Nini, quizá inconscientemente, parecen haber somatizado el discurso de Chávez que reduce la oposición a una masa homogénea, un cogollo, un grupete excluyente e incompetente de no más de diez o doce personas. Pero lo cierto es que la oposición es un muy diversa y abierta, que incluye a personajes tan disímiles como Teodoro Petkoff y Oswaldo Álvarez Paz.

A diferencia del gobierno, los liderazgos de la oposición no son fijos. Ledezma, Pérez Vivas y Pablo Pérez hace no mucho eran figuras marginales. Carmona, Carlos Ortega y Rosales ya no figuran. María Corina Machado dejó de existir y revivió hace poco gracias a un éxito electoral. Hay varios liderazgos que ascienden silenciosamente como el de Carlos Vecchio.

A mí, en particular, me gusta mucho más Ocariz que Barboza. Prefiero a Ledezma que a Salas Feo. Y veo un océano de diferencia entre Ismael García y Henry Ramos.

Considerando esta diversidad y naturaleza proteica de la oposición, decir que “Chávez es malo, pero la oposición es igual de mala” me parece no sólo incorrecto, sino una grotesca simplificación.

La oposición, por lo demás, no está en el poder. A la AN chavista se le puede acusar con razón de incompetencia en el ejercicio de sus funciones, pero a los candidatos de la oposición, la mayoría de los cuales se están estrenando como candidatos a diputados, no se les puede juzgar por labores que nunca han ejercido.

V. No podemos darnos el lujo de no votar.

Por último, los Nini -que, como ya dije, son mayoritariamente de tendencia opositora- deben entender que no estamos en Inglaterra, donde no tomar posición no entraña la posibilidad de un cambio sistémico en el país. En Venezuela está en juego la democracia. Un bando tiene un proyecto claramente totalitario. El otro está conformado por muchos líderes con probadas convicciones democráticas. En otro país ser Nini es un lujo irresponsable, pero no grave. En Venezuela no tenemos ese lujo.

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