¿Derecha solidaria?

Lunes, 15 de marzo de 2010

Antonio Ledezma y Sebastián Piñera

Antonio Ledezma y Sebastián Piñera

Primero fueron las valientes y lúcidas críticas a los gobiernos de Venezuela y Nicaragua de Guillermo Cochez, embajador ante la OEA de Panamá, donde actualmente gobierna un presidente de centro derecha.

Luego el sobrio discurso contra el populismo autoritario que dio, en la Cumbre del Grupo de Río, el costaricense Oscar Arias, un líder que, aunque viene de una familia social demócrata, muchos, con esa manía de ver la política en términos binarios, han encasillado en la derecha “neoliberal.”

Y luego la invitación a su toma de posesión que le hizo el centro derechista Sebastián Piñera al alcalde de Caracas Antonio Ledezma, uno de los líderes más conspicuos de la oposición venezolana.

Sin esa pragmática prudencia, que muchas sirve de coartada a la complicidad y el silencio, el nuevo presidente de Chile le dijo a Ledezma que su gobierno enviaba un mensaje de respaldo a los demócratas de Venezuela.

¿Y dónde está la izquierda?

Salvo Barack Obama, ningún líder de izquierda o centro izquierda del hemisferio ha denunciado la erosión de la democracia en países como Nicaragua, Bolivia y Venezuela. Ni tampoco -y aquí no hay sorpresa- la falta de libertades en Cuba.

El presidente de Brasil acaba de avergonzar a sus defensores comparando los presos de conciencia de Cuba con los “delincuentes presos de São Paulo,” terminando de desenmascarar una complicidad con los Castro que vengo denunciando -frente a la mirada escéptica de muchos de mis colegas- desde hace un año.

Por supuesto, se deben señalar lo grises. A Uribe y a Calderón no les puede importar menos lo que pase en Bolivia o Venezuela, con tal de que no los afecte a ellos. Y algunos legendarios izquierdistas de la región han sido, desde las trincheras de la oposición, fuertes críticos del retroceso autoritario de los países del ALBA.

Pero lo cierto es que la izquierda ya no enarbola la bandera de la defensa de la democracia en América Latina, un giro histórico lamentable, considerando la valiente lucha de muchos izquierdistas contra las dictaduras militares.

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