Un buen uso para la Celac

Miércoles, 2 de mayo de 2012

Como ya he dicho, es ridículo pensar que los latinoamericanos se oponen a la legalización de las drogas porque son como niños idiotas que se dejan someter por sus amos del imperio.

Sí, es absurdo negar la existencia de poderosas fuerzas, presiones e intereses externos. Pero tan absurda es la tendencia a subestimar, si no ignorar completamente, los factores domésticos. En América Latina la clase gobernante no es inmune a las presiones electorales, los prejuicios, la desinformación y las creencias que impiden en Estados Unidos una discusión madura y abierta sobre posibles cambios de rumbo en la lucha antinarcóticos.

Un ejemplo reciente. Entre los precandidatos de oposición en Venezuela sólo Leopoldo López se mostró abierto a discutir diferentes alternativas al actual enfoque de la lucha antidroga. El resto rechazó sin ambages caminos que apuntaran hacia la legalización. ¿Por presión de EEUU? Difícilmente. En este caso la resistencia tiene exclusivamente causas internas, principalmente el rechazo casi reflexivo que provoca en mucha gente la idea de un mundo donde el consumo, la comercialización o la producción de droga es legal.

Miren, por ejemplo, lo que dicen diversas encuestas sobre este tema.

En EEUU casi la mitad apoya la legalización de la marihuana. En Canadá el 66 por ciento. En América Latina el apoyo es considerablemente menor. En Chile, el país latinoamericano donde la legalización de la marihuana es mejor vista, el apoyo es de apenas el 30 por ciento. En Argentina un 27 por ciento la apoya. En Mexico un 23. En Colombia un 13. En Perú un 11. En Bolivia un 10. Es decir, en los tres principales productores de cocaína del mundo  -Perú, Colombia, Bolivia- el apoyo a la legalización de la droga más blanda de todas no supera el 13 por ciento.

Por eso es previsible que los políticos, incluso los que tienen la mente más abierta, piensen dos veces antes de favorecer cambios que apunten hacia la legalización. Obama no es una excepción en el hemisferio por sucumbir ante este tipo de presiones electorales.

¿Por qué esto importa? Porque es mentira que los latinoamericanos no pueden hacer nada para tratar de cambiar el actual enfoque de la lucha contra las drogas. Si se unen como lo hacen en su condena contra el embargo o en su insistencia en incorporar a Cuba al sistema interamericano, el impacto podría ser poderoso. Pero para lograr esto tienen que estar primero convencidos ellos mismos de que un cambio es necesario (algo que no ha pasado), y de que vale la pena invertir, y posiblemente sacrificar, capital político en esta lucha.

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