La falsa frontera

Viernes, 9 de diciembre de 2011

Diego Arria traza una clara línea divisoria entre los otros candidatos y él. Arria dice que hay candidatos que “quieren hacer borror y cuenta nueva” y “son indiferentes ante lo que ha sucedido en el país…los presos políticos, las persecuciones, los petroleros.” Y que él, en cambio, está en contra de la impunidad.

Su posición no puede ser más clara.

El problema es que esa línea divisoria es falsa. Ningún candidato ha propuesto un “borrón y cuenta nueva” y ninguno es indiferente a los presos políticos y las persecusiones (quien opine lo contrario que lo demuestre).

Lo que separa a Arria de Capriles, Pérez y López es otra cosa, no relacionada a si se está o no a favor de la impunidad, sino a cuál es la mejor estrategia para derrotar a Hugo Chávez y cómo se pueden aumentar las posibilidades de una transición pacífica de poder.

El argumento de los opositores de Arria tiene dos dimensiones.

La primera es la electoral. Los nini o los indecisos conforman un amplio porcentaje del electorado. Una parte de los nini tiene tendencia chavista. Muchos piensan que para captar a este segmento es mejor tener un discurso inclusivo que haga menos énfasis en las promesas de castigo y más en la solución de problemas como la inseguridad, el desempleo, la educación, la vivienda, etc.

Enfatizar más estas cosas no significa favorecer la impunidad, ni tampoco pone en riesgo el apoyo de la base opositora -que va a votar contra Chávez, sea Capriles, Pérez, López, María Corina o Arria el candidato.

La segunda dimensión es política. El discurso inclusivo, que enfatiza la reconciliación, podría fascilitar una transición pacífica de poder.

El chavismo controla ahora las Fuerzas Armadas, la mayoría de las policías, los tribunales y otras instituciones de Estado (además de grupo paramilitares y parapoliciales). Para forzar a Chávez a aceptar una victoria opositora se necesita la colaboración de mucha gente, o personas claves, dentro de estas instituciones.

Un discurso como el de Arria -que enfatiza el castigo y en el que muchos perciben elementos de retaliación- no es la mejor manera de buscar la colaboración de estos sectores, sin los cuales la transición pacífica de poder podría fracasar. No tender puentes con estos sectores podría marcar la diferencia entre una transición exitosa y un escenario violento o de perpetuación del chavismo en el poder.

Ahora bien, Arria puede no estar de acuerdo con este razonamiento pero debe aceptar que el debate sobre estos puntos es razonable y legítimo. Debe aceptar que elementos importantes de esta estrategia fueron implementados por Mandela en Sudáfrica y la Concertación en Chile.

Condicionar su permanencia a la unidad a que la MUD y los otros candidatos adopten su discurso es un gesto intolerante e irresponsable.

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