El mito de la independencia

Jueves, 13 de enero de 2011

Varios expertos estadounidenses en América Latina han visto una señal de “independencia” en la reciente decisión de Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador y Chile de reconocer oficialmente un estado de Palestina.

América Latina, señalan, está tratando de definir una política exterior más independiente, incluso en temas globales sensibles e importantes como la situación de Medio Oriente.

En declaraciones como ésta, debo decir, detecto un chocante tonillo paternal y condescendiente.

Se habla de América Latina como de un hijo idiota que, después de una niñez y adolescencia sumisa, bajo el mando de un padre déspota, decide hacer un gesto rebelde para reafirmar su independencia.

Pero ¿independientes de qué? ¿Por qué debe verse lo de Palestina como un novedoso acto de independencia? ¿Es de verdad tan extraño que los países de América Latina piensen y actúen por su propia cuenta? ¿Acaso nunca se ha visto a estos países hacer un movimiento que no sea dictado por el titiritero imperial?

En el caso de Venezuela, por ejemplo, estos gestos de “independencia” no son nada atípicos. Rómulo Betancourt, propulsor de la OPEP, no era poco independiente en su política exterior. Carlos Andrés Pérez no sólo nacionalizó el petróleo y restableció relaciones con Cuba sino que, en plena Guerra Fría, dio un fuerte apoyo a los sandinistas para derrocar a Somoza. Caldera nacionalizó el gas. Varios presidente venezolanos apoyaron a los demócratas chilenos en la lucha contra la U.S.-supported dictadura de Pinochet.

Esto, por supuesto, no encaja en la inspiradora narrativa del surgimiento de una ola de líderes que por fin están liberando a sus pueblos de las amarras imperiales.

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