El mito de la independencia

Lunes, 16 de abril de 2012

Quiero añadir un ejemplo para ilustrar mejor el punto central de las dos notas anteriores: la fallecida propuesta del ALCA (Área de Libre Comercio para las Américas).

Además de los miembros del ALBA, muchos analistas calificaron al ALCA en su momento como un intento de Estados Unidos de imponer a América Latina su política comercial. Algunos incluso hablaban como si se tratara de un plan sofisticado del imperio para colonizar a la región a través de la firma de TLC.

Cuando los latinoamericanos, liderados por Chávez y Néstor Kirchner, decidieron matar la propuesta, muchos dijeron, como dice ahora Guillermoprieto, que América Latina “por fin estaba firmando su declaración de independencia.”

¿Por qué estos argumentos eran y siguen siendo ridículos?

En primer lugar por la subestimación del rol que juegan las clases gobernantes latinoamericanas en la firma o promoción de estos acuerdos. En estos argumentos estas clases quedan prácticamente reducidas a masas sumisas y narcotizadas que Estados Unidos puede manipular y dirigir para avanzar sus propios intereses.

No cabe la posibilidad de que los gobernantes de Perú o Colombia creyesen sinceramente que los TLC impulsan el desarrollo de sus países, atrayendo mayor inversión o promoviendo la transferencia de tecnología. Tampoco que existan coincidencias entre los gobernantes latinoamericanos y los estadounidenses en su visión de la globalización y el comercio internacional. Y mucho menos que los latinoamericanos puedan aprovecharse de las divisiones y pugnas en la clase política de Estados Unidos para aprobar estos tratados.

No. El asunto era como los gringos han encontrado nuevas formas de colonialismo.

En segundo lugar estos argumentos ignoran que la iniciativa de un comercio hemisférico más libre ha venido de América Latina, no sólo de Estados Unidos.

Después de todo, fue el ex presidente Carlos Salinas de Gortari el que, en 1990, propuso a Bush padre un TLC entre México y Estados Unidos que luego resultó en el TLCAN (o NAFTA). Fueron los chilenos los que presionaron a tres administraciones estadounidenses para firmar un TLC. Fueron los centroamericanos los principales promotores del TLCAC (o CAFTA) y fueron los presidentes latinos los que, en la cumbre de Miami de 1994, venciendo el escepticismo de Estados Unidos, pusieron el ALCA en el centro de la mesa de negociaciones.

Como ha dicho Richard Feinberg, los TLC y el ALCA son en gran parte made in Latin America.

El problema, claro, es que esta verdad no cuadra con la narrativa imperial que mucho quieren creer.

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