La extrema irresponsabilidad de Rosales

Miércoles, 27 de julio de 2011

Con el juego de su eminente regreso, que nunca termina de concretarse, el ex gobernador de Zulia, Manuel Rosales, está mostrando su peor lado.

Su indecisión, cualquiera que sea la razón, significa que es posible que sea Pablo Pérez, y no él, el candidato de Un Nuevo Tiempo. Si no, ya Rosales estuviera en Venezuela.

Pero, manteniendo a Un Nuevo Tiempo en el limbo, y extendiendo indefinitivamente su regreso sin nunca cancelarlo, perjudica la posible candidatura de Pablo Pérez, haciéndolo ver como un subalterno que no le queda más camino que someterse a los caprichos irracionales de su jefe.

Tanto Rosales como Pérez pierden, el primero por proyectar una imagen (justificada) de cacique y el otro por verse (injustificadamente -pues rebelarse implica dividir al partido) como un bobo sumiso.

Esto por un lado.

Por el otro, imaginemos que Rosales por fin cumpla su promesa de regresar. ¿Qué va a pasar? O lo meten preso o la gente piensa que negoció su libertad con José Vicente Rangel (si no está negociando su libertad, ¿por qué no vuelve ya?). Esta última opción lo podría afectar en las encuestas, donde ahora se encuentra -y esto hace su comportamiento aún más incomprensible- por debajo de cuatro o cinco precandidatos de oposición, incluyendo Pablo Pérez.

Las posibilidades de que Manuel Rosales logre lo que se propone -regresar a Venezuela, permanecer en libertad y ganar las primarias- son prácticamente nulas.

A pesar de ello, no parece importarle hacerle daño a una candidatura de su mismo partido que tiene muchos mejores prospectos que la suya.

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