El difícil equilibrio

Miércoles, 22 de febrero de 2012

Varía dependiendo de la encuesta, pero el número de indecisos en Venezuela está en alrededor del 30 por ciento, algunos dicen más. Es decir, Capriles no puede perder la batalla por los nini y ganar las elecciones presidenciales el 7 de octubre.

En una parte de los nini, sobre todo entre los que tienen tendencia chavista que seguramente no votaron en las primarias, existe un fuerte rechazo hacia los partidos tradicionales y a todo lo que tenga un tufillo a Cuarta República. No importa si este rechazo es simplista o no. Lo que importa es que existe y coloca a Capriles es una difícil disyuntiva en términos de su estrategia electoral.

¿Cómo combinar el compromiso con la unidad -de la cual los partidos tradicionales son una parte importante y en la cual se erige su candidatura- con la necesidad de atraer a los nini, muchos de los cuales rechazan todo lo que despida un tufo puntofijista?

¿Cómo combinar la lucha por los indecisos sin irritar a los adecos que necesita, por ejemplo, para defender el voto en muchos municipios rurales del país o para movilizar el voto opositor en Anzoátegui? ¿O sin irritar a los copeyanos que dominan el corredor andino? ¿O sin ofender a Pablo Pérez -que creció y se formó en AD y cuya ayuda en Zulia, el estado más poblado del país, es indispensable? ¿O cómo marcar explícitamente distancia con el viejo estamento político sin que nadie le recuerde que el candidato unitario de PJ en Falcón, Goyito Graterol, es un copeyano de toda la vida? ¿O sin que nadie le señale el pasado reciente de Alberto Galíndez, adeco estereotípico si los hay ahora trasmutado en justiciero que acaba de ganar la candidatura unitaria por Cojedes?

Una breve salida de tono de Capriles el día que anunció su alianza con Leopoldo López causó revuelo en la oposición, al punto que incluso el afable Pablo Pérez respondió ofendido y Teodoro Petkoff tituló un editorial “¡Cuidado con la unidad!” Claramente, Capriles tiene que caminar una línea muy delgada.

Pero hasta ahora lo ha hecho bien, con su discurso gaseoso y no-muy-específico de “renovación” y “más futuro que pasado” y su decisión de despartidizar su candidatura, incluso desvinculándose de su propio partido, Primero Justicia: “No soy candidato de PJ. Creo en los partidos porque son necesarios para la democracia, pero los trasciendo. No estoy amarrado a ninguno.”

De acorde a los objetivos que su campaña se ha planteado, esta opacidad estratégica en torno a esta disyuntiva es quizá su mejor opción.

Más tarde:

  • Implicaciones del anuncio de la nueva “lesión” de Chávez en la carrera electoral.
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