Amorim, las bases y las FARC

Martes, 18 de agosto de 2009

amorim 4Refiriéndose a los lanzacohetes del ejército venezolano que la fuerza armada colombiana incautó a las FARC, el canciller de Brasil Celso Amorim dijo a principios de agosto que los misiles son “un episodio de un tamaño pequeñito en comparación con las bases.”

Estas declaraciones son francamente perturbadoras.

Es cierto que en ese momento Amorim quizá ignoraba que el acuerdo militar entre Colombia y Estados Unidos no contempla la instalación de nuevas bases ni un aumento significativo de personal militar estadounidenses en Colombia. Bajo la ley norteamericana, Estados Unidos no puede tener más de 1400 contratistas y personal militar (600 y 800 respectivamente) en territorio colombiano y el año pasado el número de militares y contratistas apenas superaba un tercio de ese tope. También es cierto que Colombia y Estados Unidos han podido explicar mejor el acuerdo antes de que estallara la controversia y que, considerando la historia de intervenciones de Estados Unidos en la región, los presidentes latinoamericanos tienen razón en exigir mayor transparencia.

Pero nada de esto excusa la manera como Amorim –y el resto de los líderes de la región– minimizan la creciente evidencia de vínculos entre el gobierno venezolano y las FARC.

Hace unos meses, a mediados de abril, la policía boliviana mató en un hotel en Santa Cruz a tres personas que, según el gobierno de Evo Morales, conspiraban para derrocar al gobierno y asesinar al presidente. Me pregunto cómo hubiese reaccionado la región si en la habitación donde pernoctaban los tres sospechosos la policía hubiese encontrado armas con el sello de la fuerza armada de Estados Unidos. Me pregunto qué hubiesen dicho si un país como Suecia luego confirma que las armas incautadas a los conspiradores fueron vendidas por una compañía sueca al gobierno estadounidense. Y me pregunto si hubiesen sido tolerantes con Estados Unidos si el episodio hubiese sido un indicio más entre muchos de vínculos entre el gobierno norteamericano y fanáticos ideológicos que buscan derrocar violentamente a un gobierno democrático.

Me atrevería a asegurar que la reacción de los líderes de la región ante este episodio de “tamaño pequeñito” hubiese sido mucho más ruidosa que la algarabía que se armó por el asunto de las bases.

 

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